martes, 24 de marzo de 2015

UNA FLOR, UNA SONRISA

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Bueno, pues se marchó el señor invierno dejándonos sus cenizas pero advirtiendo que todavía tendremos días fríos y lluviosos, porque ya se sabe, "en abril aguas mil" y lo del cuarenta de mayo no hace falta recordarlo.
 Y de nuevo la primavera, de momento pasada por agua, y cuántas han pasado ya.. tantas como años. Sin duda vendrá cargada de naturaleza viva, preparada para alfombrar los prados, decorar los jardines y derramar su amplia gama de colores.
Para unos significa días más largos, sol y ambiente alegre que invita a disfrutar del aire libre. Para otros significa alergias y sus consecuencias. La alergia primaveral, que afecta al 10-15% de la población por la concentración de polen que se produce en el aire, como consecuencia del ciclo reproductor de determinadas plantas. Estornudos, rinitis, conjuntivitis y crisis asmática, son sus conocidos y sufridos síntomas.

Cuando llega esta época del año, es inevitable no acordarse de los colores y aromas de las primaveras  de nuestra niñez.  No digo que tiempos pasados son mejores, toda época de la vida tiene su encanto, cambia el lugar y el momento, pero yo tuve la suerte de vivir rodeada de jardines y el recuerdo de los primeros lirios, el olor del manzano y el membrillo, o los primeros brotes de las ramas, vienen a mi memoria todos los años. Menos mal que las ciudades se siguen adornando con macizos de flores, unos rodeando las fuentes, otros en los paseos y plazas y queda la opción de poner preciosas macetas en las terrazas y ventanas.


 

Hace tiempo que no huele a flores, dichoso aquel que amanece entre flores silvestres, que recoge cada mañana el pálido fulgor de la última estrella, que oye la música de los ríos entonando una canción bajo un azul brillante. Dichoso el que ve como nacen los pájaros o como pliegan sus alas al final del día ante el mágico soplo de la luna.
Las flores, ese mundo que algunos hemos dejado lejos pero que sigue siendo parte de nuestra vida y de nuestro bienestar. Se ha comprobado que mirar flores y olerlas sube el ánimo, ya que su colorido y su aroma aumentan la cantidad de endorfinas y estoy mezclando romanticismo con términos médicos, pero es cierto que todo lo que implica luz y color es una terapia relajante y antidepresiva.

He crecido entre plantas, setos y rosales. A lo largo de mi vida el cambio no ha sido nada favorable: asfalto, ruido, tráfico y gigantes de hormigón. Ahora en primavera disfruto en el jardín de mi hija, viendo sus plantas y oliendo a hierba mojada y alegro mi vista con los almendros en flor que tengo cerca.

Se dice que a las plantas hay que hablarlas para que mantengan su frescura y que ellas a su manera nos responden con un lenguaje rico en significados. No es ninguna falacia, las pocas macetas de mi casa están preciosas y todas las mañanas mi saludo no les falta. Buenos días señor cactus, qué bonitas estáis violetas y los zapatitos de Venus me piden unas gotitas de agua fresca.



Una flor, una sonrisa.








domingo, 8 de marzo de 2015

LÁGRIMAS



Qué fácil resulta vivir eludiendo preocupaciones, ponerse las gafas para ver la vida de color de rosa y una venda tupida para protegerse de miserias, tristezas, angustias y demás problemas que están a nuestro lado y preferimos no pensar en ellos.
Se suele decir que "cada palo aguante su vela", pero cómo se puede pasar del dolor humano sin que nos deje huella...
Existen dos mundos, el mundo de la salud y el mundo de la enfermedad. Visitar un centro hospitalario nunca es agradable, pero creo que visitar un centro de enfermos mentales, un psiquiátrico, porque la palabra manicomio me parece tremenda, os aseguro que te deja el alma encogida. La mente es el peor enemigo que tenemos, tiene una fuerza increíble y es capaz de controlar y descontrolar todos los órganos de nuestro cuerpo y sus funciones.
Un desgarro permanece siempre en mi memoria, cuando recuerdo lo que mis ojos vieron siendo todavía una adolescente novata. Aquel ambiente me producía tal impacto que siempre salía llorando.

Pues bien, hoy he vuelto a llorar, sí, a veces es necesario llorar, el llanto es algo natural, lo mismo que la risa. Lloramos para desahogarnos y al contrario de lo que mucha gente piensa, llorar no es de personas débiles, se puede llorar por infinidad de motivos, rabia, amor, tristeza, alegría ... expresar lo que sientes y mostrar los sentimientos no es de débiles, si no de fuertes, débil es el que esconde lo que siente por miedo o por vergüenza. Hay veces que se llora porque la emoción es tan intensa que no la puedes controlar, eso es llorar de felicidad, cuántas veces lo he experimentado... las lágrimas de alegría, de emoción, nos aportan la calidez de un momento o época vividos tan sublimes, que todavía nos hacen vibrar a flor de piel. Las lágrimas bien lloradas son un don, saberlas derramar comportan ser una alma sensible, noble, vulnerable.

Es bueno llorar de felicidad porque:

•Nos acerca a nuestra dimensión más humana y nos hace sentir vivos.
•Nos ancla en el ahora, aunque nos recuerde el pasado pues el llanto sucede aquí y ahora.
•Nos enseña que vale la pena vivir.
•Es una forma peculiar de sonreír.

 
La risa y el llanto tienen muchas cosas en común, entre ellas, y la más obvia, es que son contagiosos. La risa genera endorfinas, pequeñas proteínas popularmente llamadas de “la felicidad”. Las endorfinas actúan como neurotransmisores aumentando los niveles de células T, (linfocitos T o células T pertenecen al grupo de leucocitos que son conocidos como linfocitos) son los responsables de coordinar la respuesta inmune celular, (más fácil decir aumento de nuestras defensas).
Algo similar ocurre con el llanto. Llorar nos hace liberar adrenalina, una hormona que segregamos en situaciones de estrés, y noradrenalina, que actúa como neurotransmisor y tiene un efecto contrario al de la adrenalina. Cuando lloramos, eliminamos estas hormonas, lo que produce una sensación de desahogo y tranquilidad, además de eliminar toxinas.



Pues bien, hoy he llorado . Igual que la rosa despojada de sus pétalos, igual que el árbol que soporta en silencio la carga de sus hojas.

Extrañas sensaciones.

No encuentro el lugar perfecto donde guardar los sentimientos. Camino por calles, subo peldaños, voy soportando los días, las horas y los años, vivo primaveras, otoños e inviernos... y sigo buscando.
Extrañas mutaciones.

Me gusta escuchar el sonido de la lluvia- viajera de un pasado- mirando embelesada la huella de su paso y las ondas perfectas que como lágrimas el agua va dejando, mientras crea pequeños espejos en forma de charcos.

Busco una manera de cobijar estos sentimientos, un lugar donde pueda llorar sin tapujos. Es difícil convertir un río en mar y es difícil plasmar el aroma de un jardín en un cuaderno. Por eso prefiero escribir en el corazón que tiene páginas en blanco; es el papel perfecto donde copiar lo que siento, el lugar ideal para alojar las lágrimas, el ardor de los deseos o el color de los sueños.

Extrañas sensaciones.



Hoy he llorado cuando cientos de personas enfermas, en silla de ruedas y con la mirada perdida, balbuceaban y aplaudían a su santo emocionados. Cincuenta costaleros paseaban a S. Juan de Dios entre las risas de unas mentes deficientes y la emoción esperanzadora de sus familias.

El Centro San Juan de Dios de Ciempozuelos está dedicado a la atención psiquiátrica integral, desde 1876, año en que fue fundado por San Benito Menni, hermano perteneciente a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
Hoy 8 de marzo se celebra el nacimiento de S. Juan de Dios, enfermero y fundador de la Orden.