lunes, 19 de octubre de 2020

Eterna belleza 2


Quizá no sea el momento idóneo para escribir estas letras, sinceramente tengo pocos ánimos y cada día que pasa se está convirtiendo en una rutina sin aliciente y monótona, pero no quiero dejar el blog, me ha costado catorce años mantenerle y aunque haya muchos que ni se acuerdan de entrar, otros siguen siendo fieles lectores y siempre encuentras gente nueva.

Estamos pasando por un trance desagradable, tratamos de buscar una manera más positiva de ver las cosas, quizá sea conformidad o resignación,  pero viene bien pensar que no todo en la vida es malo, que a pesar de todo la bondad existe, es la única inversión que no falla. En filosofía analizando el comportamiento se suele decir que el ser humano es malo por naturaleza. Muchas teorías lo sostienen. Fue Hobbes el que advirtió que en el estado de naturaleza el hombre no es pacífico, sino más bien “un lobo para el hombre” y por lo tanto se une en sociedad con el único interés de sobrevivir. También Kant defendía esta postura, argumentando que es la razón práctica la que obliga al hombre a renunciar a ese estado de guerra y a buscar la paz en sociedad. Y Freud considera la agresividad como innata en el ser humano y dicta que es la cultura la que debe reprimirla, claro que no es de extrañar porque Sigmund Freud no creía en el ser humano, para él solo somos objetos. Pero siempre me hace pensar en el doctor Jekyll y mister Hyde.
Es cierto que hoy en día, en las sociedades actuales, podemos decir que el mayor enemigo del hombre es el hombre. Somos la única especie que ataca premeditadamente y no por instinto, no se trata de supervivencia ni de defensa propia, nos movemos guiados por intereses egoístas, somos intolerantes y posesivos.
Pero existe gente fantástica, llena de virtudes y bella, muy bella. No hay más remedio que aferrarse a esta teoría para ver la vida de diferente color y buscar siempre el lado bueno y hermoso de todo lo que nos rodea.
Y si no, miremos lo que la vida nos ofrece, veamos la belleza como la marca que suele sonreír con esplendor en la bondad, en la verdad y en el amor que hay en las obras que hacemos.
Busquemos ese lado, ante la realidad que vivimos cuesta un montón ser positivos pero mientras haya salud debemos dejar entrar la luz en nuestros corazones.

Un abrazo a todos.


jueves, 15 de octubre de 2020

Aquí y ahora


Hoy estuve pensando en la mala costumbre que tenemos los seres humanos, de valorar las cosas solamente en su ausencia. Valoramos el dinero cuando nos falta, valoramos el tiempo cuando estamos al final de nuestra etapa, la familia cuando la perdemos, valoramos el frío cuando hace calor, y deseamos que haga calor cuando hace frío. Solamente cuando recibimos un golpe bajo somos conscientes de la importancia del ahora.


Vivimos tiempos difíciles. Nadie imaginaba la sorpresa que traía el 2020. Quizá nunca vuelva la vida a ser como antes pero mientras dure la pandemia no dejemos de disfrutar lo que podamos, soñar subidos en una nube nos está permitido. Mirar el mundo desde las alturas es posible aunque sea soñando y por supuesto contemplar las estrellas. Tiene que ser maravilloso verlas de cerca, no puedo imaginar un cielo sin estrellas. Desde arriba lucen sus galas y gozan del privilegio de tener libertad y hasta su propia música. La noche levanta la tapa del piano y comienza la sinfonía del otoño, al fin y al cabo cuentan con la compañía de grandes como Frédéric Chopin o Ludwig Van Beethoven.
Y en cuanto a colorido en otoño el cielo también se llena de una amplia paleta de amarillos, naranjas y rojos embriagadores.
VelázquezMurillo y otros genios de la pintura se encargan de ello, allí se reúnen  los mejores y más grandes artistas. Otros en cambio más humildes y casi desconocidos, como mi padre, también colaboran dando pinceladas a los astros en uno de los estudios más grandes, donde ondean lienzos dorados cubriendo todo el firmamento. Padre, no te olvides de pintar una azul.

Dicen que vienen meses melancólicos, que ya no hay magia en la naturaleza, la música de los ríos amaina, los pájaros pliegan sus plumas y en los valles solo queda el reflejo de un cielo de piedra. 
A pesar de todo siempre hay belleza, AQUÍ Y AHORA .


jueves, 1 de octubre de 2020

Recuperando escritos


Se me mostraron hojas de otoño
cayendo de un árbol, y a continuación vi
uno desnudo y sin ninguna hoja.

Entonces oí estas palabras:

No te preocupes. La fuerza vital
está en el interior,
Y a partir de ahora mostrará lo nuevo.
Has de saber que lo viejo tiene que morir
para que la vida se renueve.



Aquella noche de octubre salí al jardín entre calor y frío presintiendo el próximo color de la tierra. Encontrarme con ella dilataba mis pupilas, sabía que en la oscuridad se hace visible lo que la luz del día esconde. Tenía claro que los sueños se pasean por nuestro interior despejando todavía más la imaginación y entonces se hacen posibles cosas tan inverosímiles como respirar sin aire, dormir en una hoja o hacer malabares trepando por las veletas de las torres. Hasta es posible ponerse alas mágicas y de un soplo trasladarse a la nube más cercana, allá donde un albañil de ángel trabaja en su andamiaje para mostrarnos que hay otra vida.

Aquella noche dije adiós al verano y me agarré fuerte al árbol, que más que ramas tenía ya hilachos. Pronto estaría rodeado de niebla y no me importó porque me gusta la niebla, cuando es cercana siempre me parece que oculta algún dolor y si es alta, enturbia el ambiente con su bruma blanda y misteriosa regando la tierra con lluvia y no con llanto.
Aquella noche sentí el sabor amargo de no ver el mar, de no subir a la playa para mirar su oleaje verde, las gotas que antes mojaron mi cuerpo ahora salpicarían el manto de Dios.

Entró octubre a pasitos cortos. Ya sé que nos ha tocado vivir una época difícil, imaginar lo que se nos venía encima aquel pasado 31 de diciembre era algo impensable en este siglo, pero no te asomes a la ventana con tristeza, el otoño es una segunda primavera en la que cada hoja será una futura flor y llegará el día en que esto será ya historia.
 Es curioso, no duerme nadie en el cielo, hay un panorama de ojos abiertos dando la bienvenida al cambio de estación y aquí abajo se abren las mentes con deseos de escribir, mientras se saborea un café caliente en taza de esperanza.



Feliz Octubre



martes, 22 de septiembre de 2020

A pesar de todo, vuelve el otoño.



Cuesta cambiar de estación, a mi por lo menos me da pereza reorganizar el armario, aunque por este maldito virus muy poco he disfrutado de la ropa veraniega. En octubre de nuevo toca sufrir el cambio de horario, retrasar una hora, por tanto habrá disminución de horas de luz que son las que favorecen la secreción de melatonina, una hormona relacionada con la conciliación del sueño y que su ausencia provoca tristeza o lo que se conoce también como astenia otoñal, algo que se considera normal en personas con tendencia depresiva.

El verano nos dice adiós y a pasitos lentos entra un nuevo otoño y seguimos con la incertidumbre del futuro.
Cuando era niña la melancolía era inevitable al finalizar septiembre, el jardín donde pasaba gran parte del día durante los meses de calor, comenzaba a cambiar de aspecto. Solía mirar el famoso árbol de las anillas, creo que ya os he hablado en alguna ocasión de él, donde mi hermano hacía estiramientos para fortalecer sus músculos quinceañeros, era tan delgado y alto que le obsesionaba ensanchar su espalda. Pues bien, aquel árbol  fue un frondoso melocotonero que nunca daba fruta pero su aroma nos perfumaba gran parte del año. Cuando el verano daba sus últimos coletazos, sus ramas se desnudaban poco a poco hasta llegar a parecer un auténtico esqueleto. Entonces me fijaba en aquellas anillas,  imaginaba que eran pendientes plateados que colgaban  de las orejas del árbol, era perfecto, tintineaban con el sonido del viento y resultaba una estampa muy original. Quizá mi rebuscada imaginación iba demasiado lejos, pero al menos aquel arbolito conservaba la esperanza del buen tiempo hasta la próxima primavera.

La nueva estación tiene otro tipo de encantos. Ya conocemos los colores del otoño y los cambios tan bonitos que se producen en la Naturaleza, sin embargo para muchas personas la transición del calor al frío no suele ser agradable, los días son más cortos y por tanto hay menos horas de sol, cosa que en psiquiatría se considera una tendencia a la depresión, como antes dije. Para evitar cualquier contratiempo relacionado con melancolía o tristeza nada mejor que utilizar nuestra vista, observar y admirar la belleza del momento, aunque éste no sea muy propicio siempre hay algo que no se pierde.



 
Cualquier paseo lleno de hojas secas, cualquier banco solitario e incluso un estanque vacío, puede ser hermoso. 
 Hay miradas que son capaces de extraer la belleza de todo lo que ven. Pueden distinguir con facilidad la bondad de un corazón, la sensualidad de una piel, la delicadeza de una flor o la sabiduría de un alma, es como si estuvieran dotadas de una especie de escaner que se filtra como un rayo de luz, atento al devenir de una vida. Tener la capacidad de extraer lo hermoso por poco que sea, es una virtud que siempre beneficia.

La belleza es un lujo, pero quien le otorga el valor es la mirada que la interpreta. ¿De qué manera definirías la belleza? ¿Es un estado, una forma o una simple mirada?. La belleza cuando existe tiene forma y contamos con los ojos para contemplarla, qué más podemos necesitar... Si me tengo que quedar con una de las tres cosas, estado, forma y mirada, elijo la última. Y no olvidemos que también contamos con la imaginación cuando  la vista nos falla.


" La belleza es superior al genio. No necesita explicación. "Oscar Wilde" .

Otoño, belleza y sensibilidad, tres cosas que me permito ligar.

Como la lluvia que cae lentamente, que va dejando brillante el suelo, que moja las ramas y las hojas de los árboles, que empapa los cabellos y refresca el rostro, así es la sensibilidad. Va poco a poco dejando reluciente nuestro espíritu, calando nuestro corazón, e inundando el alma de paz hasta llegar a desbordarla. Lluvia, agua, corazón y alma. Cuatro palabras afines a las lágrimas y afines también a la maravilla de estar vivo, porque tanto si lloramos como si reímos es señal de que somos sensibles y como colofón, si somos sensibles, disfrutaremos de la verdadera belleza, por muy escondida que esté.

Bello el otoño ¿verdad?. ¡¡Al  cuerno con el Coronavirus!!

jueves, 10 de septiembre de 2020

CLARO DE LUNA, SONATA.



La noche era cálida en la Nave de los Sueños mientras surcaba con una estela de color los cielos del planeta. Desde el infinito, las amarillas luces iluminaban todo. No había estrellas fugaces, no había deseos que cazar al verlas correr por la bóveda celeste.
Pero la noche abrió la tapa del piano y en esa quietud sonó una ligera nota musical que rompió la calma.
Después de este tímido sonido, vino otro y otro… y así como las gotas del comienzo de una lluvia, sonó toda una melodía. Daba la sensación de que en el universo nada se movía y de repente la LUNA se despertó en la anaranjada noche urbana para, por un momento, posarse en el marco del firmamento y escuchar aquella música suave.

La LUNA, estaba especialmente hermosa. Como una cicatriz blanca en el cielo se elevaba saludando a todo el que deseaba contemplarla, amaneciendo en nocturnidad sobre los mortales durmientes, sonriendo a todo el que dejó el mundo de los sueños para contemplarla, meciéndose al son de la dulce melodía de Beethoven. La LUNA danzaba esbelta entre velos de nubes y  sus pasos ralentizaban el ritmo de la noche.
Las noches más bellas son aquellas en las que la LUNA se viste de dorado y adorna su cabello con conchas de nácar, regalo del mar.
 Su imagen rodeada de estrellas crea el escenario perfecto para que la pluma del poeta exprese su sentir, para que yo misma quede embelesada.

La LUNA cae y se corporiza. Viene a mis pies y me la llevo. Unidas
 las  dos vamos sin fronteras. Miro de reojo y es verde y amarilla como la piel de un plátano. Mientras el mundo lleva sobre los hombros la carga pesada de un virus, caminamos sorteando charcos de sangre, de la roja escarlata sangre de la LUNA.




lunes, 31 de agosto de 2020

LUJO




¿Qué es el lujo?. Nos hicieron creer que el lujo era lo raro, lo caro, lo exclusivo, todo aquello que nos parecía inalcanzable.  Ahora nos damos cuenta que el lujo eran esas pequeñas cosas que no sabíamos valorar.
  • Lujo es estar sano.
  • Lujo es no pisar un hospital.
  • Lujo es poder pasear por la orilla del mar.
  • Lujo es salir a las calles y poder respirar sin mascarilla.
  • Lujo es reunirte con toda tu familia, con tus amigos.
  • Lujo son las miradas.
  • Lujo son las sonrisas.
  • Lujo son los abrazos y los besos.
  • Lujo es disfrutar cada amanecer.
  • Lujo es el privilegio de amar, de estar vivos.

lunes, 3 de agosto de 2020

Slow hands. Manos lentas.

https://youtu.be/8toRQ33INyw

Miro alrededor en mi entorno y todo sigue estando en el mismo lugar, el mar, la montaña, el estrecho desfiladero, las enormes rocas que casi se adentran en la carretera, la vegetación frondosa y verde, las nubes rozando lo picos más altos, todo está como lo dejé hace un año, sin embargo nada me parece igual, lo que tengo grabado en la memoria ha dado un tremendo giro y ha cambiado. Parece más triste, solitario y se han nublado mis emociones. Ni siquiera puedo ver un oasis entre tanto desierto. No, no es como otros veranos, el aire puro del monte no se respira igual, nos han vendado la cara y dilatado las pupilas para poder ver mejor el desastre.
No sé hasta cuándo. Tengo el pecho henchido de aire viciado y me cuesta expulsarlo.
¿ Y mis manos? Las que se parecen a las de mi madre, las que pueden acariciar hasta los pliegues del Alma, escribir y dibujar la sonrisa más bonita. Mis manos están resecas de tanta desinfección.
Pero hay dos cosas que son un lujo en la vida y no las pienso perder: la salud y estar con aquellos que amo. Hay que seguir caminando por la barra de equilibrio.

Hoy  hace años que mi madre se fue. Siempre huele a rosas el día tres de agosto. Echo de menos tantas cosas... ella y las caricias lentas de sus manos. Mi recuerdo con la música de Elvis que tanto le gustaba.