lunes, 25 de mayo de 2020

Para ti, sin saber poesía.



Recuerdo como eras en la última primavera
Eras cascabel de risas con el corazón en calma
En tus manos de nácar ramos de lilas nacían
En tus ojos chispeaban las llamas del crepúsculo
Los rayos de sol calentaban tu cuerpo de niña
Tu cabello azabache diademas de seda lucía
Tus brazos trepaban lentamente
como una enredadera mi cuello envolvían.

Dulce recuerdo azul apegado a mi alma
Hoguera de llamas en que mi sed ardían 
Siento no ver tus ojos en la distancia
Nube gris, voz de pájaro de noble gallardía  
Siento no ver tus ojos desde el invierno
hacia donde emigraban mis anhelos
y mil besos ardientes como brasas caían.

Cielo de un mar bravío
Campo de cerros dorados
Tu mirada es de luz y de humo
De estanque en calma
En tus ojos el crepúsculo ardía
Tus labios color granada
Funden el hielo de las palabras.

Hojas secas de otoño
en tu Alma jugaban
Tu voz la noche engalana
Pentagramas llenos de notas
Suenan vivos en tu garganta
Vuelan hacia mí tus canciones
En azules caracolas envueltas.

Airblue.


miércoles, 20 de mayo de 2020

Pandemias 1918 - 2020


Rebuscando entre cajones estos días de encierro se encuentran cosas sorprendentes. Y lo digo porque ni sé muchas veces lo que tengo guardado, como por ejemplo este documento del Boletín Oficial de la povincia de Burgos que data del año 1918 durante la mal llamada "gripe española" ya que donde se originó en realidad fue entre China y los Estados Unidos.
Supongo que perteneció a mi abuelo porque mi padre aún no había nacido.
Recibió el nombre de gripe española porque la pandemia, que duró dos años, desde 1918 a 1920, ocupó más interés en la prensa de España que en el resto de Europa, ya que nuestro país no estaba involucrado en la guerra y por tanto no se censuró la información sobre la enfermedad. El primer caso se registró en un cocinero de los campamentos militares en Kansas, en el Camp Funston, tras el comienzo de la I Guerra Mundial. 
Un estudio de 2014 plantea la hipótesis de que el origen de una de las cepas letales del virus pudo estar en Madrid, pero no existen pruebas científicas de que fuera así.
Fue una pandemia causada por el virus Influenza y a diferencia del Coronavirus actual que está afectando a los ancianos principalmente, sus víctimas fueron también niños, jóvenes y adultos sanos y sin patologías y en animales, perros y gatos. Está considerada la pandemia más devastadora de la historia humana, en un año murieron entre 20 y 40 millones de personas. Entre ellos los abuelos paternos de mi cuñado dejando cuatro criaturas de corta edad desamparadas. En el documento están señaladas las medidas y las normas que se tomaron que son las mismas que las del estado de alarma actual por el coronavirus.
Estamos hablando del año 1918.  Han pasado más de 100 años y la investigación médica junto con la ciencia parecen haberse parado, me pregunto cómo es posible que en el siglo XXI un nuevo virus, que no desconocido, esté causando este desastre mundial. Qué demonios ha ocurrido que con los avances científicos que hay, no podamos con su letal ataque. Yo tengo mis teorías e informaciones que ni quiero ni puedo exponer y menos en un blog. Creo que es comprensible.
Salud y bienestar para todos vosotros y suerte a mis compañer@s de sanidad que con escasez de equipamiento están resistiendo como pueden.

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jueves, 14 de mayo de 2020

Crying ( llorando)


Tarde gris, nubarrones que anuncian lluvia de mayo. Las gotas de lluvia son las lágrimas de las nubes y ellas también necesitan llorar de vez en cuando.
Sí, es necesario llorar, el llanto es algo natural, lo mismo que la risa. Lloramos para desahogarnos y al contrario de lo que mucha gente piensa, llorar no es de personas débiles, se puede llorar por infinidad de motivos, rabia, amor, tristeza, alegría... expresar lo que sientes y mostrar los sentimientos no es de débiles, si no de fuertes, débil es el que esconde sus sentimientos por miedo o por vergüenza. Hay veces que se llora porque la emoción es tan intensa que no la puedes controlar, eso es llorar de felicidad, cuántas veces lo he experimentado... las lágrimas de alegría, de emoción, nos aportan la calidez de un momento o época vividos tan sublimes, que todavía nos hacen vibrar a flor de piel. Las lágrimas bien lloradas son un don, saberlas derramar comportan ser un alma sensible, noble y vulnerable.
La situación que estamos viviendo lo pide, a unos más que a otros desde luego y como hoy es nuestro santo patrón, S. Isidro, he recordado aquel desván en el que entraba con mucho cuidado para fisgonear un poco. Estoy abriendo el arcón de madera oscurecido por el tiempo. Un antiguo cofre traído de Marruecos donde mi familia vivió tres años y donde vine a este mundo. El pobre sigue estando lleno de toda clase de ropas, cortinas y recortes de retales. Lo único que merece la pena es un pequeño mantón de Manila gris, bordado con unas preciosas aves exóticas que a mi madre le compraron cuando era una niña, mantón que me traje y que todavía hoy conservo, algo descolorido pero intacto a pesar de tener más de ochenta años.
Hoy sería la ocasión de lucirlo. pero solo me conformaré con colgarlo en mi espalda mientras suena un chotis en el piano.



La voz de Roy Orbison cantando Crying ( llorando) y un poema de Gloria Fuertes, cierran esta entrada.


«Yo puedo decir muchas cosas,
y algunas no.
 No puedo decir: Madrid es mi tierra,
tengo que decir mi cemento,
-y lo siento-.»
«¡Ojalá sea mentira ese rumor que corre sobre el rio
donde peces de plata mueren sin ser pescados!
 ¡Ojalá sea mentira esa bola
de anhídrido carbónico
que pende bajo el cielo de Madrid!
 ¡Ojalá sea verdad esa mentira del vidente
que anuncia una tormenta de amor

que acabará con la mala uva."


  • Insomnio (Dámaso Alonso)

    Un perro no se mueve del lugar donde falleció su dueño tras un bombardeo
    Un perro no se mueve del lugar donde falleció su dueño tras un bombardeo - archivo abc
    «Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
    A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
    y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
    Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
    Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma, por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
    por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
    Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
    ¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
    las tristes azucenas letales de tus noches?».
  • La fingida, fragmento de la obra teatral (Tirso de Molina)

    El Palacio Real, en la proclamación de Felipe VI
    El Palacio Real, en la proclamación de Felipe VI - san bernardo
    «Madrid
    es mi patria, corte digna
    de España, madre benigna
    del mundo.
    Patria Madrid del amor,
    y así está fundada en fuego.
    Agua los cielos la han dado,
    si su fuerza hace llorar,
    se fuentes que pueden dar
    salud al más deshaciado.
    Dale olivos Minerva
    oro puro y generoso;
    ganado, el monte, sabroso;
    tomillos, el campo y hierba.
    Goza del llano y montaña
    que sus términos incluye;
    y en fe, que en todos influye
    valor, es centro de España».
  • Madrid, baluarte de nuestra guerra de Independencia (Antonio Machado)

    Milicianos en la ciudad de Madrid
    Milicianos en la ciudad de Madrid - archivo abc
    «¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
    rompeolas de todas las Españas!
    La tierra se desgarra, el cielo truena,
    tú sonríes con plomo en las entrañas»
    Estos versos encabezaban un artículo que el poeta escribió en el diario Hora de España
  • Pausa de agosto (Mario Benedetti)

    La Gran Vía, desierta en agosto
    La Gran Vía, desierta en agosto - jose ramon ladra
    Madrid quedó vacía
    sólo estamos los otros
    y por eso
    se siente la presencia de las plazas
    los jardines y fuentes
    los parques y glorietas
    como siempre en verano
    Madrid se ha convertido
    en una calma unánime
    pero agradece nuestra permanencia
    a contrapelo de los más
    es un agosto de eclosión privada
    sin mercaderes ni paraguas
    sin comitivas ni mitines
    en ningún otro mes del larguísimo año
    existe enlace tan sutil
    entre la poderosa
    metrópoli
    y nosotros pecadores afortunadamente
    los árboles han vuelto a ser
    protagonistas del aire gratuito
    como antes
    cuando los ecologistas
    no eran todavía imprescindibles
    también los pájaros disfrutan
    ala batiente de una urbe
    que inesperadamente se transforma
    en vivible y volable
    los madrileños han huido
    a la montaña y a Marbella
    a Ciudadela y Benidorm
    a Formentor y Tenerife
    y nos entregan sin malicia
    a los otros que ahora
    por fin somos nosotros
    un Madrid sorprendente
    casi vacante despejado
    limpio de hollín y disponible
    en él andamos como dueños
    tercermundistas del arrobo
    en solidarias pulcras avenidas
    sudando con unción la gota gorda
    el verano no es tiempo de fragor
    sino de verde tregua
    empalagados del rencor insomne
    estamos como nunca
    dispuestos a la paz
    en el rato estival
    la historia se detiene
    y todos descubrimos una vida postiza
    pero cuando el asueto se termine
    volverán a sonar
    las bocinas los gritos las sirenas los mueras y los vivas
    bombas y zambombazos
    y las dulces metódicas campanas
    durante tres fecundas estaciones
    nadie se acordará
    de pájaros y árboles
  • El otoño de Madrid (Luis López Anglada)

    Otoño en el Parque del Retiro
    Otoño en el Parque del Retiro - Jordi Romeu
    «Madrid, si tanto tienes tanto vales
    y aunque falto de encinas, te respiro
    bebiéndole los vientos al Retiro
    y al oro del crepúsculo en Rosales.
    Con otoños románticos prevales
    para permanecer en el suspiro.
    ¿Dónde vamos, Madrid? A octubre miro
    y con sabor de soledad me sales.
    Mientras el corazón amarillea
    la tarde, que no el cuerpo, me pasea
    por las tranquilidades del palacio.
    Todo se finge rápido y urgente,
    pero yo te recorro lentamente
    que las cosas del alma van despacio.»
  • Madrid tiene moriscas las entrañas (José Bergamín)

    Muralla árabe de Madrid, quizá la construcción más antigua de la capital
    Muralla árabe de Madrid, quizá la construcción más antigua de la capital - ABC
    «Madrid, tienes moriscas las entrañas.
    Fuiste corte y no fuiste cortesano.
    Y si villa, no ha sido por villano
    que capitalizaste las Españas.
    Todo lo peregrinas y lo extrañas
    desde tu aldeanismo castellano:
    que Lope hizo gatuno y sobrehumano
    teatro de invisibles musarañas.
    A la luz que tus aires aposenta
    Cervantes le dio voz, Velázquez brío,
    Quevedo sombras, Calderón afrenta
    rodeando las llamas su vacío.
    Y Goya con sutil mano violenta
    máscara de garboso señorío.»
  • A Madrid, por la dicha de ser su patrono San Isidro Labrador (Calderón de la Barca)

    Fiesta de San Isidro en la Pradera y la Ermita del Santo
    Fiesta de San Isidro en la Pradera y la Ermita del Santo - jaime garcía
    «Madrid, aunque tu valor
    Reyes le están aumentando,
    nunca fue mayor que cuando
    tuviste tu labrador.
    Aunque de gloria se viste,
    Madrid, tu dichoso suelo,
    nunca más gloria tuviste
    que cuando, imitando al cielo,
    pisado de ángeles fuiste.
    No igualará aquel favor
    el que hoy ostenta tu honor,
    aunque opongas tu trofeo,
    aunque aumente tu deseo,
    Madrid, aunque tu valor.
    No tendrás glorias mayores,
    que cuando en las manos bellas
    de angélicos labradores,
    eran tus flores estrellas,
    los rayos del sol tus flores.
    En vano están laureando,
    en vano están coronando
    tu frente, en vano el honor
    que te ha dado un labrador,
    Reyes le están aumentando.
    Dirán que cuándo tuviste
    más gloria que en ti se encierra.
    Di que cuando ángeles viste
    labrar humildes tu tierra;
    di que cuando cielo fuiste;
    que cuando al cielo imitando
    el sol te estaba envidiando,
    pues su luz tu luz prefiere;
    y así sabrá quien dijere
    Nunca fue mayor que cuando.
    Mayores triunfos, mayores
    lauros tu poder advierte,
    pues con divinos favores
    respetas, como la muerte,
    mas que reyes, labradores.
    Hagan inmortal tu honor
    jaspes, mármoles y bronces;
    pues para gloria mayor
    hoy tienes tal rey, y entonces
    Tuviste tu labrador».
  • Madrid, corazón de España (Rafael Alberti)

    Milicianos republicanos, antes de partir hacia el frente
    Milicianos republicanos, antes de partir hacia el frente - archivo abc
    Madrid, corazón de España,
    late con pulsos de fiebre.
    Si ayer la sangre le hervía,
    hoy con más calor le hierve.
    Ya nunca podrá dormirse,
    porque si Madrid se duerme,
    querrá despertarse un día
    y el alba no vendrá a verle.
    No olvides, Madrid, la guerra;
    jamás olvides que enfrente
    los ojos del enemigo
    te echan miradas de muerte.
    Rondan por tu cielo halcones
    que precipitarse quieren
    sobre tus rojos tejados,
    tus calles, tu brava gente.
    Madrid: que nunca se diga,
    nunca se publique o piense
    que en el corazón de España
    la sangre se volvió nieve.
    Fuentes de valor y hombría
    las guardas tú donde siempre.
    Atroces ríos de asombro
    han de correr de esas fuentes.
    Que cada barrio, a su hora,
    si esa mal hora viniere
    -hora que no vendrá- sea
    más que la plaza más fuerte.
    Los hombres, como castillos;
    igual que almenas, sus frentes,
    grandes murallas sus brazos,
    puertas que nadie penetre.
    Quien al corazón de España
    quiera asomarse, que llegue,
    ¡Pronto! Madrid está lejos.
    Madrid sabe defenderse
    con uñas, con pies, con codos,
    con empujones, con dientes,
    panza arriba, arisco, recto,
    duro, al pie del agua verde
    del Tajo, en Navalperal,
    en Sigüenza, en donde suenen
    balas y balas que busquen
    helar su sangre caliente.
    Madrid, corazón de España,
    que es de tierra, dentro tiene,
    si se le escarbara, un gran hoyo,
    profundo, grande, imponente,
    como un barranco que aguarda...
    Sólo en él cabe la muerte.
  • Fiesta de toros en Madrid (Nicolás Fernández de Moratín)

    Madrid, castillo famoso
    que al rey moro alivia el miedo,
    arde en fiestas en su coso,
    por ser el natal dichoso
    de Alimenón de Toledo.
    Su bravo alcaide Aliatar,
    de la hermosa Zaida amante,
    las ordena celebrar,
    por si la puede ablandar
    el corazón de diamante.
    Pasó, vencida a sus ruegos,
    desde Aravaca a Madrid.
    Hubo pandorgas y fuegos
    con otros nocturnos juegos
    que dispuso el adalid.
    Y en adargas y colores,
    en las cifras y libreas,
    mostraron los amadores,
    y en pendones y preseas,
    la dicha de sus amores.
    Vinieron las moras bellas
    de toda la cercanía,
    y de lejos muchas de ellas,
    las más apuestas doncellas
    que España entonces tenía.
    Aja de Getafe vino
    y Zahara la de Alcorcón,
    en cuyo obsequio muy fino
    corrió de un vuelo el camino
    el moraicel de Alcabón.
    Jarifa de Almonacid,
    que de la Alcarria en que habita
    llevó a asombrar a Madrid,
    su amante Audalla, adalid
    del castillo de Zorita.
    De Adamuz y la famosa
    Meco, llegaron allí
    dos, cada cual más hermosa,
    y Fátima, la preciosa
    hija de Alí el Alcadí.
    El ancho circo se llena
    de multitud clamorosa
    que atiende a ver en su arena
    la sangrienta lid dudosa,
    y todo en torno resuena.
    La bella Zaida ocupó
    sus dorados miradores
    que el arte afiligranó,
    y con espejos y flores
    y damascos adornó.
    Añafiles y atabales,
    con militar armonía,
    hicieron salva y señales
    de mostrar su valentía
    los moros más principales.
    No en las vegas de Jarama
    pacieron la verde grama
    nunca animales tan fieros,
    junto al puente que se llama,
    por sus peces, de Viveros,
    como los que el vulgo vio
    ser lidiados aquel día,
    y en la fiesta que gozó,
    la popular alegría
    muchas heridas costó.
    Salió un toro del toril
    y a Tarfe tiró por tierra,
    y luego a Benalguacil,
    después con Hamete cierra,
    el temerón de Conil.
    Traía un ancho listón
    con uno y otro matiz
    hecho un lazo por airón,
    sobre la inhiesta cerviz
    clavado con un arpón.
    Todo galán pretendía
    ofrecerle vencedor
    a la dama que servía;
    por eso perdió Almanzor
    el potro que más quería.
    El alcaide, muy zambrero,
    de Guadalajara, huyó
    mal herido al golpe fiero,
    y desde un caballo overo
    el moro de Horche cayó.
    Todos miran a Aliatar,
    que aunque tres toros ha muerto,
    no se quiere aventurar,
    porque en lance tan incierto
    el caudillo no ha de entrar.
    Mas viendo se culparía,
    va a ponérsele delante;
    la fiera le acometía,
    y sin que el rejón la plante
    le mató una yegua pía.
    Otra monta acelerado;
    le embiste el toro de un vuelo,
    cogiéndole entablerado;
    rodó el bonete encarnado
    con las plumas por el suelo.
    Dio vuelta hiriendo y matando
    a los que a pie que encontrara,
    el circo desocupando,
    y emplazándose, se para,
    con la vista amenazando.
    Nadie se atreve a salir;
    la plebe grita indignada;
    las damas se quieren ir,
    porque la fiesta empezada
    no puede ya proseguir.
    Ninguno al riesgo se entrega
    y está en medio el toro fijo,
    cuando un portero que llega
    de la Puerta de la Vega
    hincó la rodilla y dijo:
    «Sobre un caballo alazano,
    cubierto de galas y oro,
    demanda licencia urbano
    para alancear a un toro
    un caballero cristiano».
    Mucho le pesa a Aliatar;
    pero Zaida dio respuesta
    diciendo que puede entrar,
    porque en tan solemne fiesta
    nada se debe negar.
    Suspenso el concurso entero
    entre dudas se embaraza,
    cuando en un potro ligero
    vieron entrar por la plaza
    un bizarro caballero.
    Sonrosado, albo color,
    belfo labio, juveniles
    alientos, inquieto ardor,
    en el florido verdor
    de sus lozanos abriles.
    Cuelga la rubia guedeja
    por donde el almete sube,
    cual mirarse tal vez deja
    del sol la ardiente madeja
    entre cenicienta nube.
    Gorguera de anchos follajes,
    de una cristiana primores,
    por los visos y celajes
    en el yelmo los plumajes,
    vergel de diversas flores.
    En la cuja gruesa lanza
    con recamado pendón,
    y una cifra a ver se alcanza
    que es de desesperación,
    o a lo sumo de venganza.
    En el arzón de la silla
    ancho escudo reverbera
    con blasones de Castilla,
    el mote dice a la orilla:
    Nunca mi espada venciera.
    Era el caballo galán,
    el bruto más generoso,
    de más gallardo ademán:
    cabos negros, y brioso,
    muy tostado, y alazán;
    larga cola recogida
    en las piernas descarnadas,
    cabeza pequeña, erguida,
    las narices dilatadas,
    vista feroz y encendida.
    Nunca en el ancho rodeo
    que da Betis con tal fruto
    pudo fingir el deseo
    más bella estampa de bruto
    ni más hermoso paseo.
    Dio la vuelta al rededor;
    los ojos que le veían
    lleva prendados de amor.
    «Alá te salve», decían,
    «déte el Profeta favor».
    Causaba lástima y grima
    su tierna edad floreciente;
    todos quieren que se exima
    del riesgo, y él solamente
    ni recela, ni se estima.
    Las doncellas, al pasar,
    hacen de ámbar y alcanfor
    pebeteros exhalar,
    vertiendo pomos de olor,
    de jazmines y azahar.
    Mas cuando en medio se para,
    y de más cerca le mira
    la cristiana esclava Aldara,
    con su señora se encara
    y así la dice, y suspira:
    «Señora, sueños no son;
    así los cielos, vencidos
    de mi ruego y aflicción,
    acerquen a mis oídos
    las campanas de León,
    «como ese doncel que ufano
    tanto asombro viene a dar
    a todo el pueblo africano,
    es Rodrigo de Vivar,
    el soberbio castellano».
    Sin descubrirle quién es,
    la Zaida desde una almena,
    le habló una noche cortés,
    por donde se abrió después
    el cubo de la Almudena.
    Y supo que, fugitivo
    de la corte de Fernando,
    el cristiano, apenas vivo,
    está a Jimena adorando
    y en su memoria cautivo.
    Tal vez a Madrid se acerca
    con frecuentes correrías
    y todo en torno la cerca;
    observa sus saetías
    arroyadas, y ancha alberca.
    Por eso le ha conocido,
    que en medio de aclamaciones,
    el caballo ha detenido
    delante de sus balcones,
    y la saluda rendido.
    La mora se puso en pie
    y sus doncellas detrás;
    el alcaide que lo ve,
    enfurecido además
    muestra cuán celoso esté.
    Suena un rumor placentero
    entre el vulgo de Madrid:
    «No habrá mejor caballero»,
    dicen, «en el mundo entero»,
    y algunos le llaman Cid.
    Crece la algazara, y él
    torciendo las riendas de oro,
    marcha al combate crüel;
    alza el galope, y al toro
    busca en sonoro tropel.
    El bruto se le ha encarado
    desde que le vio llegar,
    de tanta gala asombrado,
    y al rededor le ha observado
    sin moverse de un lugar.
    Cual flecha se disparó
    despedida de la cuerda,
    de tal suerte le embistió;
    detrás de la oreja izquierda
    la aguda lanza le hirió.
    Brama la fiera burlada;
    segunda vez acomete,
    de espuma y sudor bañada,.
    y segunda vez la mete
    sutil la punta acerada.
    Pero ya Rodrigo espera
    con heroico atrevimiento,
    el pueblo mudo y atento;
    se engalla el toro y altera,
    y finge acometimiento.
    La arena escarba ofendido,
    sobre la espalda la arroja
    con el hueso retorcido;
    el suelo huele y le moja
    en ardiente resoplido.
    La cola inquieto menea,
    la diestra oreja mosquea,
    vase retirando atrás,
    para que la fuerza sea
    mayor, y el ímpetu más.
    Él que en esta ocasión viera
    de Zaida el rostro alterado,
    claramente conociera
    cuánto la cuesta cuidado
    el que tanto riesgo espera.
    Mas, ¡ay que le embiste horrendo
    el animal espantoso!
    Jamás peñasco tremendo
    del Cáucaso cavernoso
    se desgaja, estrago haciendo,
    ni llama así fulminante
    cruza en negra obscuridad
    con relámpagos delante
    al estrépito tronante
    de sonora tempestad,
    como el bruto se abalanza
    en terrible ligereza;
    mas rota con gran pujanza
    la alta nuca, la fiereza
    y el último aliento lanza.
    La confusa vocería
    que en tal instante se oyó
    fue tanta que parecía
    que honda mina reventó,
    o el monte y valle se hundía.
    A caballo como estaba,
    Rodrigo el lazo alcanzó
    con qué el toro se adornaba;
    en su lanza le clavó
    y a los balcones llegaba.
    Y alzándose en los estribos,
    le alarga a Zaida, diciendo:
    «Sultana, aunque bien entiendo
    ser favores excesivos,
    mi corto don admitiendo,
    si no os dignáredes ser
    con él benigna, advertid
    que a mí me basta saber
    que no le debo ofrecer
    a otra persona en Madrid».
    Ella, el rostro placentero,
    dijo, y turbada: «Señor,
    yo le admito y le venero,
    por conservar el favor
    de tan gentil caballero».
    Y besando el rico don,
    para agradar al doncel,
    le prende con afición
    al lado del corazón,
    por brinquiño y por joyel.
    Pero Aliatar el caudillo
    de envidia ardiendo se ve,
    y trémulo y amarillo,
    sobre un tremacén rosillo
    lozaneándose fue.
    Y en ronca voz, «Castellano»,
    le dice, «con más decoros
    suelo yo dar de mi mano
    si no penachos de toros,
    las cabezas del cristiano.
    »Y si vinieras de guerra
    cual vienes de fiesta y gala,
    vieras que en toda la tierra,
    al valor que dentro encierra
    Madrid, ninguno se iguala».
    «Así», dijo el de Vivar,
    «respondo», y la lanza al ristre
    pone y espera a Aliatar;
    mas sin que nadie administre
    orden, tocaron a armar.
    Ya fiero bando con gritos
    su muerte o prisión pedía,
    cuando se oyó en los distritos
    del monte de Leganitos
    del Cid la trompetería.
    Entre la Monclova y Soto
    tercio escogido emboscó,
    que viendo cómo tardó,
    se acerca, oyó el alboroto,
    y al muro se abalanzó.
    Y si no vieran salir
    por la puerta a su señor
    y Zaida a le despedir,
    iban la fuerza a embestir,
    tal era ya su furor.
    El alcaide, recelando
    que en Madrid tenga partido,
    se templó disimulando,
    y por el parque florido
    salió con él razonando.
    Y es fama que a la bajada
    juró por la cruz el Cid
    de su vencedora espada,
    de no quitar la celada
    hasta que gane a Madrid.»
  • sábado, 2 de mayo de 2020

    BULO


    https://youtu.be/z8MOIs0Dd5g

    Y la gente se quedaba en casa
    Y leía libros y escuchaba 
    Y descansó e hizo ejercicios
    E hizo arte y jugó
    Y aprendió nuevas formas de ser
    Y se detuvo.
    Y escuchó más profundamente
    Alguien meditó
    Alguien rezó
    Alguien estaba bailando,
    Alguien se encontró con su sombra
    Y la gente comenzó a pensar diferente
    Y la gente sanó.
    Y hubo ausencia de personas que vivían
    en una peligrosa ignorancia
    Sin sentido, sin corazón,
    Incluso la tierra comenzó a sanar
    Y cuando el peligro terminó
    Y las personas se encontraron
    Lloraron por los muertos
    Y tomaron nuevas decisiones…
    Y soñaron con nuevas visiones
    Y crearon nuevas formas de vida.
    Y curaron completamente la tierra.
    Justo cuando fueron sanados.


    Me lo han mandado alegando ser un poema  que tiene más de 150 años, tomado de "La historia de Iza" de Grace Ramsay (1869), un seudónimo que usaba la escritora biógrafa católica irlandesa-francesa durante la  era victoriana tardía, Kathleen  O'Meara. 
    En Irlanda había epidemias de fiebre tifoidea, cólera y disentería. Según dicen se escribió durante la epidemia de peste en 1865.
     Como me pareció una tremenda casualidad que se reactualizase, busqué y me informé para ver si era cierto y como me temía es un bulo más. La escritora escribió un poema  parecido y algún listillo lo ha amañado a su manera aprovechando la pandemia que hoy vive el mundo entero.


    El que no corre, vuela. 
    Yo no puedo correr ni tengo alas, pero sí oído para la buena música. 
    Elvis Aarón Presley, que acababa de fallecer dos meses antes de viajar a EE UU, siempre ha sido mi preferido. Os dejo una de sus muchas baladas. Su autor es Don  Mc Lean y la grabó en 1970.

    Una canción hermosa que aprovecho para felicitar con ella a todas las MADRES. A las que están y a las que sueñan  ya en las estrellas.







    domingo, 26 de abril de 2020

    Canción de despedida



    Un pésame en tiempos de coronavirus es no duro, es durísimo, forzosamente lejano y más complicado de compartir: no hay abrazos, ni besos, no hay contacto con las manos. Un pésame en tiempos de coronavirus habla solo con la mirada y con la fuerza de la palabra pronunciada. Su gravedad adquiere ahora una nueva dimensión, la sonora, al retumbar las lágrimas contra el tejido de la mascarilla. Las familias que estos días despiden a alguno de sus miembros comprueban en los momentos más complicados lo que implica un estado de alarma como el que se vive. 

    Los grandes asesinos de la historia son la bacterias y los virus, y en concreto los que han provocado las grandes epidemias. El sarampión, que acabó con más de 200 millones de personas, o el virus del sida o VIH, que ha matado a más de 35 millones.
    En realidad es algo natural. Pasa, ha pasado,  y pasará, aunque nos queden lejos las grandes epidemias de la historia. Hay que tomar conciencia de que somos vulnerables y de que hay que apostar por la investigación, que con tan pocas ayudas cuenta en este país, y desde luego reforzar la sanidad pública.

    Esta maldita pandemia se ha llevado muchas vidas, familiares, amigos, gente del mundo del arte que muchos hemos conocido desde niños,  profesionales médicos, científicos, escritores, actores y cantantes que han dejado huella a generaciones en las que hemos crecido y disfrutado de canciones inolvidables. Hace unos días nos dejaba, por nombrar a uno entre tantos, Christophe. Músico francés fallecido a los 74 años.
    Estoy segura de que conoceréis la canción que he elegido, como a mi os traerá recuerdos de aquellos años dorados de la música. La hemos cantado, bailado, tocado y hasta sentido durante el verano de 1965, muchos en plena pubertad e  incluso antes.


    P.D. A TODOS LOS QUE ESTÁN LUCHANDO CONTRA EL CORONAVIRUS Y EN ESPECIAL A MI QUERIDA SOBRINA LICENCIADA EN FARMACIA.




    lunes, 20 de abril de 2020

    Sensibilidad



    La sensibilidad es la capacidad que tenemos los seres humanos para percibir y comprender el estado de ánimo, el modo de ser y de actuar de las personas, así como la naturaleza de las circunstancias y los ambientes, para actuar correctamente en beneficio de los demás. Y ante todo debemos distinguir sensibilidad de sensiblería, esta última siempre es sinónimo de superficialidad, cursilería o debilidad.

    Ser sensible implica permanecer en estado de alerta de lo que ocurre a nuestro alrededor, va más allá de un estado de ánimo como reír o llorar, sentir tristeza o alegría por todo.

    Ser sensible no es signo de debilidad, no obstante, las personas prefieren aparentar ser duras e insensibles, para no comprometerse ni involucrarse en problemas que suponen ajenos a su responsabilidad. De esta manera se liberan de las aflicciones y padecimientos, que resultan incómodos y molestos, pensando que cada cual tiene suficiente con los propios.  Pero n
    o hay duda de que la indiferencia es el peor enemigo de la sensibilidad.

    La sensibilidad nos hace despertar hacia la realidad, descubriendo todo aquello que afecta en mayor o menor grado al desarrollo personal, familiar y social.
    La sensibilidad viene de los sentidos y radica solo en los individuos que confían en ellos, porque los conocen, los entienden y dominan a voluntad.
    Se dice tanbién que la sensibilidad reside principalmente en el arte: poetas, pintores y cualquiera que posea esta maravillosa cualidad innata, siente la vida de una manera especial. 

    Hoy he tenido dos noticias malas, dos puñaladas más que recibe mi corazón en estos días de encierro. Dicen que soy demasiado sensible, que magnifico y dramatizo las cosas hasta el punto de sufrir por ello, que después de tantos años entre el dolor y la enfermedad ya tendría que haberme endurecido, pero cada uno somos de una madera distinta, con un carácter que se va formando según se desarrolla nuestra vida y por supuesto la genética juega un papel muy importante. Mi madre tenía una sensibilidad a flor de piel, se emocionaba ante una melodía, un recuerdo, o con pequeñas cosas que sabía que le hacían feliz. Mi padre demostraba su sensibilidad en el arte de la pintura. El artista no es solamente el que sueña, como cualquier individuo, sino el que construye sueños. Él imaginaba y transformaba lo imaginado en realidad, desde niño sabía plasmar sus emociones en un lienzo.




    Soy sensible, sí, porque exprimo los sentidos en cada instante, amo la belleza del espíritu, la fragilidad del sentimiento, la transparencia y la claridad del  pensamiento.


    Me alimento de la debilidad y la fuerza, de la soledad y la compañía, del alivio y el sufrimiento. 
    Amo la vida, me lleno de paz con el color de una flor o de un rojo ocaso. Soy débil ante la penas, a veces demasiado, pero compadecerse del dolor ajeno es aprender a valorar la salud por encima de todo y a sentir gratitud  por la gran suerte de existir.
    Y hago alusión a las lágrimas que van ligadas a la sensibilidad. Dicen que son espejos del Alma y que se puede navegar entre ellas hasta tocar el fondo de un corazón frío. Dicen también que se puede escuchar la auténtica armonía que hay en el alma, la que suena en el interior de muchos corazones solitarios que están pidiendo a gritos un poco de amor.
    Siendo así no me importa seguir siendo sensible.




    P D.  A todas esas personas que se han ido en soledad y silencio.


    martes, 14 de abril de 2020

    Canto a la belleza.





    Curioso don el de la belleza, curioso y gran regalo que se muestra variable a nuestros ojos, acorde con la grandeza de todo lo que nos rodea y nuestros sentidos pueden alcanzar y por tanto beneficiar.



    La belleza natural, la abstracta, la interna.



    La belleza NATURAL de las flores salpicadas de perfume y adornadas de gotas de rocío. De los pájaros, que agitan sus alas entre las ramas de los altos olmos, anunciando un nuevo día. De la tierra, los animales, las plantas, la luz y el calor de los rayos solares, que dibujan formas en las laderas de los valles y montañas. La belleza de los ríos, cuando sus aguas parecen espejos y su ruido la sinfonía mejor interpretada con la ayuda del viento y del ritmo de los remolinos. La belleza del aire cuando huele a lluvia, a flores o no huele a nada, solo al frescor que nos va dejando en la frente.
    La de la luna, mientras la noche nace entre sombras y vapores de ceniza, la de las estrellas que parecen clavos de plata cubriendo el cielo. La belleza del mar, que onda tras onda va formando la espuma para besarte los pies en la playa.
    La del arco iris, el azul del cielo, el amarillo de las arenas, el rojo del atardecer, el blanco de los almendros, el gris de las tormentas, el negro de la noche, los verdes primaverales y toda una gama de colorido que pinta la naturaleza.
    Los olores del cerezo en flor,
    del tomillo y la lavanda.

    La belleza de las nubes, míralas, son como algodones, de muchas formas, redondas y blancas. Entre todas sostienen el mundo y son el destino del trueno y del rayo, de la lluvia lenta, de la nieve y el viento. Son todas iguales y a la vez distintas. Míralas, son como las olas del mar y con un gran alma secreta.
    Y la belleza ABSTRACTA. Quién no conoce la hermosura de la inocencia, el brillo de una mirada, no se enternece ante la paz de un niño dormido y no se estremece con el compás de una música romántica. Demasiada belleza a nuestro alrededor. Ya solo me queda nombrar la belleza de un corazón noble y la más pura de todas y quizá la que más pasa desapercibida, la belleza del INTERIOR.

    En estos días de confinamiento, se añoran demasiadas cosas. Todo se aprecia más cuando se pierde y de momento estamos en un encierro que ya resulta inoportable según van pasando los días.





    Decía Herman Hesse que la mitad de la belleza depende del paisaje; y la otra mitad de la persona que la mira. Los más brillantes amaneceres, los más románticos atardeceres, los paraísos más increíbles, se pueden encontrar siempre en el rostro de las personas queridas. Cuando no hay lagos más claros y profundos que sus ojos, cuando no hay grutas de las maravillas comparables con su boca, cuando no hay lluvia que supere a su llanto, ni sol que brille más que su sonrisa. La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla. Por eso es tan lindo mirarse cuando esos rostros se convierten en nuestros paisajes favoritos.

    Y solía decir mi madre que "la mitad de la hermosura está en la tienda". Creo que con ella se nace, claro que siempre se puede mejorar.😊😊