No voy a escribir sobre aviones, a pesar de que forman parte de mi vida como ya sabeis. Esta vez toca viajar en tren, caminar por raíles recordando aquellos viejos ferrocarriles y sus locomotoras, que eran una delicia sobre todo para los aficionados y coleccionistas de trenes antíguos. Muchos todavía recordarán el clásico traqueteo del tren, su ruido repetitivo, sus vagones y su máquina de vapor. Estaciones de espera y el impregnante olor a carbón. Las prisas por cambiar de un andén a otro, el sonido del silbato y la gente cargada de equipaje.
Desde la época de estos arcanos y destartalados artefactos a la mágica alta velocidad hay un mundo y unos cuantos años.
Tren de la Fresa, Madrid-Aranjuez
Locomotoras Mikado
Tren de alta velocidad"BALA"
Y viajar en tren implica visitar obligatoriamente estaciones de ferrocarril, algunas muy interesantes, que debido a las prisas no nos fijamos con detalle y la mayoría de las veces suelen pasar desapercibidas.
El pasado verano regresando de mis vacaciones estuve unos días en Valencia y entre las muchas visitas que hice una de las más curiosas fue su estación de ferrocarril.
La Estación del Norte situada en pleno centro de la capital valenciana, junto a la Plaza de toros
Su fachada, con motivos vegetales, naranjas y flores de azahar, se inspira en la agricultura valenciana e incluye, entre otras referencias a la ciudad, las cuatro barras rojas sobre fondo oro del escudo heráldico valenciano. Evidencia, así, un rasgo significativo de la tensión modernista entre la modernidad y la tradición, entre lo local y lo cosmopolita.

Destaca la ornamentación del edificio, con cerámicas vidriadas, trencadís y un mosaico de José Mongrell. En su vestíbulo, una combinación de maderas, cristal y mármol fusionan calidez, transparencia y brillo. Tiene un sinfín de elementos decorativos de cerámica, madera, metal, vidrio y otros materiales. La cubierta principal de la nave central, que cubre las vías, tiene forma de arco y guías que representan las vías del tren. Asimismo, tiene una gran abertura longitudinal destinada a que antiguamente escaparan los humos de las maquinas a vapor.
Los zócalos de cada puerta o ventanal interior del vestíbulo están hechos de madera y en los más altos se puede leer el lema "buen viaje" en distintos idiomas. Sus grandes ventanales presentan una rosa en su parte superior. Otro rasgo típico del Modernismo que se aprecia en la estación es la integración de todas las artes en una misma edificación: arquitectura, escultura, pintura y artes decorativas.
El edificio es de planta rectangular con dos zonas claramente diferenciadas: el gran hangar, de planta igualmente rectangular y cerrado con estructura de arcos articulados de acero laminado, y el edificio de viajeros propiamente dicho, de planta en U y pilares independientes de la estructura del hangar.
La planta baja está exclusivamente destinada el público, mientras que el entresuelo y primer piso se destinan a oficinas.
Las fachadas están rítmicamente desarrolladas según módulos de un gran esquematismo formal. La fachada principal predominantemente horizontal, presenta unas torres laterales, que recuerdan, sin duda, la de la Lonja, con escasa altura y ritmos verticales en los entrepaños que no llegan a desequilibrar la horizontalidad general. El remate del edificio queda definido por estos cuerpos y por pináculos terminales de perfil aparentemente almenado.
Estilísticamente este edificio puede ser relacionado con la secesión vienesa y especialmente con Otto Wagner, a cuya influencia se añadirían, por un lado reminiscencias del gótico perpendicular inglés junto con inicios de lo que más tarde sería el racionalismo.
Por oposición a esta sobriedad estructural se superpone en las fachadas una profusa decoración de elementos cerámicos y temas inspirados en la agricultura valenciana. A estos elementos de claro valor simbólico se añade la repetición constante del escudo de la ciudad como remate de las marquesinas, así como elementos emblemáticos alusivos a la compañía de caminos y hierro del norte como la estrella de cinco puntas y el águila, símbolo de la velocidad.


Destaca también la exuberante decoración del vestíbulo, con un minucioso diseño de las taquillas y arrimaderos de madera, con incrustaciones de mosaico y decoraciones cerámicas con abundancia de Trencadis, azulejos troceados, como revestimiento de paredes y techos formando un conjunto de singular belleza. Uno de los elementos destacables de la decoración de la estación es la presencia de estrellas de cinco puntas que era el emblema de la Compañía de Ferrocarriles del Norte y también, y sin genero de dudas la Sala que en su día estuvo dedicada a Cafetería y que después de muchos años cerrada ha vuelto a ser reabierta, pero como Oficina de Información y rebautizada como Sala de Mosaicos. Es de lo mejor de la Estación del Norte, toda ella decorada con azulejos y mosaicos policromados con motivos típicos de la huerta valenciana y un techo verdaderamente espectacular.

Pasé un rato muy agradable. Ya veis, no siempre es el aire, aviones y aeropuertos, también estas máquinas y su entorno me llaman la atención y espero que a vosotros os haya gustado esta entrada.
Me falta algo ... ¿os apetece una rica horchata valenciana?.
Al otro lado de la vía una tarde de invierno, alguien muy alto, con abrigo y sombrero gris, me esperaba para darme la mano. Tenía los ojos demasiado claros y yo solo tres años.
Ya recuerdo.... era mi abuelo.
Fotografías de J.A.M.C