lunes, 20 de enero de 2014

EL DESVÁN



Después de leer el post de Autodidacta , se me ha ocurrido revolver entre mis escritos y he encontrado una entrada que hice hace cinco años y que de nuevo  publico para los que en aquel momento no conocían este blog. 

Hace tiempo que no subo al desván y de vez en cuando conviene entrar en la habitación del recuerdo, pero esta vez voy a seleccionar, es decir, sacaré lo que realmente interesa, me divierte o me causa satisfacción, lo demás lo dejaré bien cerrado y atado para que se quede guardadito en el baúl de las cosas desagradables.

Tampoco he vuelto a subir escaleras como aquella. Una barandilla de madera brillante servía de apoyo para subir los escalones, vestidos con una alfombra verde que mi madre en su afán de poner un toque de adorno, había colocado con unas barras doradas. La verdad es que además de elegancia servía para dar más de un infortunado tropezón.



En la primera planta estaban los dormitorios, un baño amplio, el cuarto de estudio y el famoso trastero. A mí me costaba un triunfo subir los peldaños, sobre todo cuando anochecía y se encendían las primeras farolas. Mi madre nos recalcaba que siempre había algo que llevar y colocar en el piso de arriba y por tanto nunca teníamos que subir con las manos vacías.


Aquella habitación siempre estaba cerrada. Por el rabillo del ojo miraba el resquicio de luz que se colaba por debajo de la puerta y que trazaba una perfecta línea luminosa en el suelo de madera. Un montón de viejos libros con hojas casi pardas se apilaban en la alacena, diccionarios de tapas rojas de tela deshilachada, apuntes y láminas de dibujos de topografía. Había también cajas llenas de herramientas, lijas, cuerdas y bolas de cera, sí, unas pequeñas bolas que mi padre guardaba para licuarlas y unirlas con resina y luego tensar los lienzos que pintaba. Recuerdo también unas hojas de "cola de pescado" para poner rígida la tela que una vez seca la fijaba con clavos al bastidor. Antes se hacía así, además de artesano era barato.
Algo indispensable eran los enseres de caballería, botas de montar, fustas y espuelas. La mezcla de olor a cuero y papel no resultaba agradable y sin embargo hoy daría cualquier cosa por volver a sentirlo ... ¿Alguien ha visto alguna vez un sacabotas?, un artilugio de madera que sirve lógicamente para sacar las botas hasta la rodilla que calzan los jinetes. Y de nuevo menciono a mi padre que fue un gran jinete muy aficionado y practicante de la hípica.



















Al fondo estaba el arcón, antiguo cofre de madera oscurecido por el tiempo y traído de Marruecos donde mi familia vivió dos años y donde vine a este mundo. El pobre estaba lleno de ropas usadas, cortinas y retales; lo único que merecía la pena era un pequeño mantón de Manila gris y bordado con aves exóticas que a mi madre le regalaron cuando era niña, mantón que un día me llevé y que todavía hoy conservo, un poco descolorido pero intacto a pesar de tener unos ochenta años.


 
Soñar no cuesta nada e imaginar tampoco, así que voy a rebobinar un poco y retroceder en el tiempo. Quiero volver a subir aquellos peldaños de la escalera de mi casa porque me encanta jugar a ser niña y tener pocos años. Esta vez estoy subiendo sin tropezar en la alfombra verde, sola y está anocheciendo... en el desván hay luz y la puerta está abierta, el baúl sigue en el mismo lugar, dije que era oscuro, pues ahora lo veo azul y encuentro cajas de flores secas, las secaba yo misma colocándolas entre dos cristales. Son violetas, amapolas y lirios, todas del jardín.

En otra entrada ya conté que me entusiasmaban las bolas de cristal con  papelillos simulando nieve al agitarlas. No sé las veces que habré intentado abrirlas pero al final me daba pena y no lo hacía.
El taco de postales sujeto con una goma pegajosa, los vinilos de música retro y mi primer tocadiscos, una joya en forma de maletín que tenía el altavoz por tapa..








¡Ah! falta la muñeca de largas pestañas y ojos de cristal, ¡buff!, esa sí que daba miedo... Era de mi tía, vestida de terciopelo verde, pamela y guantes de ganchillo; cuando me acercaba a ella ¡zas!, me daba un sopapo. Me aterraba. Más tarde supe que era mi abuela la autora de tan desagradable hazaña, quizá por hacer una gracia o para evitar que estropeara la horrible "pepona".

 
 

Hace mucho tiempo que no subía al desván, que no hurgaba en el baúl de los recuerdos. Hace demasiado tiempo que dejé de ser niña, pero aún sigo jugando, aunque solo sea en mis sueños azules, seguiré jugando. 


20 comentarios:

  1. A veces, necesitamos de esos recuerdos para limpiar un poco nuestro interior y recargarlo de aquellas buenas energías.
    Qué bonita entrada, enhorabuena.
    Cariños…

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  2. Que suerte que hayas desempolvado ese escrito, que me ha permitido saber de esos recuerdos. Los trasteros siempre han tenido un tirón especial para mí, en ellos hay retales de vida de los mayores, de quien no llegué a conocer. En tu caso volver a oler los olores, tocar los flecos del mantón y recordar a los mas queridos. Me parece un texto precioso.Un abrazo y tu lo pintas de azul

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  3. Tu no tienes un trastero, tú tienes un hermoso Museo de Historia.Según lo ibas describiendo yo lo estaba imaginado y créeme me gustó tanto como el Prado. Porque no solo son cosas ,tú vas añadiendo hermosos sentimientos.
    ¡Gracias por regalar belleza!
    Besos
    André

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  4. Gracias por la aventura. Fue un disfrute recorrer de tu mano ese enigmatico lugar.
    Y no, nunca dejemos de ser niñas, esto es vivir.
    Abrazos.

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  5. No, nunca había visto el artilugio para sacar botas.
    De vez en cuando hay que sacar a pasear los recuerdos airearlos, desempolvarlos y , por qué no, volver a disfrutar con ellos.
    Un bello recorrido el que nos has ofrecido. Un abrazo.

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  6. Este amasijo de recuerdos me ha traído la mente los míos propios. En la casa del pueblo tengo un baúl del siglo XIX y dentro - como tú dices- viejos vestidos y retales. Me ha gustado mucho esa vuelta atrás porque losa recuerdos nos recuerdan a las personas, a sus cosas, sus detalles, sus manías, costumbres. Todos deberíamos volver de vez en cuando a ese desván, a ese palacio mental donde permanece todo nuestro pasado.

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  7. Que bonito es trastear entre los viejos recuerdos.
    Cuantas cosas nos encontramos que ni nos acordábamos que existían.
    Con tu Relato, me has hecho recordar cosas que no se que son ni que tengo.
    Hace mas de 6 años que no subo al cuarto trastero.
    Mis hijos, alguno, si ha subido para coger cosas.
    Que tendré, recuerdo que cajas de libros, cosas de cuando íbamos a la playa, caballetes, pinceles, pinturas, algún bastidor y no se que más.
    Puede que algún día me anime y suba.

    Bellos Recuerdos, los que creo tener y los que tu nos has narrado.

    Gracias Airblue, saludos de manolo

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  8. Paso un momento por aquí, sólo para saludarte. Ya subiré cuando pueda tranquilamente a ese desván. Un abrazo.

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  9. Oriana.

    Cuesta subir las escaleras del recuerdo, pero es verdad que ha merecido la pena.

    Gracias. Un abrazo.

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  10. Ester:

    Me hacía falta subir al desván, con los pongos me diste la idea. Es un mes lleno de recuerdos, algunos demasiado tristes y viendo tantas cosas me he alegrado un poco.

    El mantón es gris con flecos azules.

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  11. André:

    No se me había ocurrido pensarlo, pero sí, podría escribir un libro contando miles de cosas. Perder los recuerdos es perder ilusiones por eso quiero conservar ese baúl hasta que llegue el día de cerrarlo para siempre.

    Un abrazo.

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  12. Betty:

    Aquella habitación que antes me impresionaba, hoy me hace sentir que sigo viva.

    Un abrazo.

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  13. Chelo:

    El sacabotas era muy práctico y me consta que aún se usa. Las botas de montar son muy ajustadas y costaba sacarlas.
    Momentos vividos que casi tenía olvidados.

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  14. amparo:

    Me ha gustado como llamas a un viejo trastero "palacio de recuerdos", cada uno tenemos el nuestro y aunque se vacíe la imaginación lo vuelve a llenar.

    Gracias

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  15. Manolo:

    No subes porque crees que vas a pasar un mal rato, pues subiremos juntos, debe ser un placer ver tus pinceles, tu caballete, etc, etc, la caja de pinturas de mi padre se perdió, con todo el dolor de mi corazón. Solo encontré una vieja paleta.

    Un abrazo amigo.

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  16. Luismi:

    Sube cuando quieras, te dejo la llave puesta, :-)

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  17. Gracias. Nunca dejes de soñar. Y si alguna vez no puedes subir al desván, que sea él quien baje hasta tí. El caso es no perderlo nunca. Un abrazo.

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  18. Gracias. Nunca dejes de soñar. Y si alguna vez no puedes subir al desván, que sea él quien baje hasta tí. El caso es no perderlo nunca. Un abrazo.

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  19. Que envidia, yo nunca tuve un desván, con lo que me habría gustado. Ahora tengo un trastero pero no es igual. Solo guardo en el lo que utilizo y algún que otro recuerdo. Gracias por compartir los tuyos
    Bss y buen finde

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  20. Katy:

    Con el trastero es suficiente, seguro que cuando pase el tiempo encentras alguna sorpresa.
    Estás bien guapa, ahora es más fácil si paso a tu lado.

    Un abrazo.

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