El silencio es oro

Voz de mi hija El silencio es oro
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martes, 22 de diciembre de 2015

Navidad vintage

 


Sí, ya lo sé, tengo que hacer un esfuerzo para evitar lo que todos los años me ocurre, no quieres ver tristeza en mis ojos, pero no lo puedo evitar y te prometo que hago lo posible. Me gustaría tener el valor suficiente para guardar en el desván, todo ese cúmulo de sentimientos que en estas fechas afloran a mi memoria. Te prometo que hago un gran esfuerzo. Me dices que el presente es también muy hermoso, que la vida me ha dado motivos suficientes para sonreír, si, ya lo sé, pero también me ha quitado y ese vacío lo único que deja es una estela de recuerdos.

 
La última Navidad sigue viva en mi corazón, la fría Navidad de Castilla, donde las piedras se convierten en granizo y hasta los árboles tiritan. Una casa grande, un jardín vestido de escarcha y el calor de una familia unida. Mi padre montaba el belén con una habilidad que me dejaba perpleja. Cuatro lanzas sujetando el techo, escoria, musgo, papel arrugado y unos hilos finos de plata simulando una preciosa cascada. Pinceladas de color le daban vida y un toque de azul iluminaba el cielo. Mi madre tejía los puntos de la última bufanda, mientras las castañas crepitaban saltando en el fuego, y yo, niña presumida, rodeaba de espumillón mi cuello como un collar de diamantes.
Cuántas Navidades han pasado!... demasiadas. Cuántas estrellas y luces de colores,  ángeles y  renos, figuras de barro siempre guardadas en papel de periódico, año tras año.

 
 
Campanitas que vais repicando
Navidad vais alegres cantando
y a mí llegan los dulces recuerdos
del hogar bendito donde me crié

Y aquella viejita que tanto adore

Mi madre del alma que no olvidare

Navidad que con dulce cantar
te celebran las almas que saben amar
oh que triste es andar en la vida
por senda perdida lejos del hogar
si oír una voz cariñosa
que diga amorosa llegó Navidad.

 
El villancico de Antonio Machín sonaba en la radio.

 
 

Vuelvo a asomarme de nuevo a la ventana del tiempo cada vez con más nieve en las sienes. Se oyen dulces cánticos lejanos y mi corazón se alegra cuando oigo el sonido de una pandereta repicando en el cielo.

FELIZ NAVIDAD
 



sábado, 5 de enero de 2013

UN JUGUETE, UNA ILUSIÓN

 
 
Hay noches que pertenecen a los niños, noches en las que reina la inocencia, el candor, la ingenuidad, la sencillez y por encima de todo la ilusión.
Es imposible llegar a estas fechas y no recordar.  Decidme, a quién no le gustaría volver a ser niño, tener cuatro o cinco años, abrir los ojos y encontrarse con un mundo mágico lleno de fantasía aunque sus zapatos calcen un 38, 39, 40, 41 o 45. 

Es imposible no recordar aquellos juguetes que nos hicieron felices en la infancia. Todos hemos tenido regalos, unos más y otros menos, caros y baratos y hasta hemos arrastrado una caja de cartón con una cuerda. Y todos hicimos de  alguno de ellos nuestro preferido. Si me preguntáis, mi respuesta sería  sin duda alguna mi casa de muñecas.

Mi padre, y ya lo he contado muchas veces, tenía una gran habilidad para hacer con las manos las cosas más increíbles que se puedan imaginar. Unos cuantos trozos de madera, clavos y pintura fue lo que necesitó para hacer mi preciosa casita de muñecas. Las ventanas vestidas con cortinas rojas, los techos con lamparillas hechas de cuerda y velas, la escalera, el jardín, los pequeños muebles de madera decorada hasta el más mínimo detalle , no os riais pero en la mesita de noche había hasta un orinal azul. 
Cuando aquella fría mañana del seis de enero me levanté después de una noche llena de nervios y de impaciencia, no podía creer lo que mis ojos tenían delante.




 
Fue una sorpresa no esperada; yo era tan chiquita que no alcanzaba a tocarla, se abría por la parte delantera y por la trasera. Un regalo artesano que me hizo mucha ilusión y que durante años estuvo conmigo hasta que el tiempo y mi inocencia fueron pasando.

La tecnología ha avanzado y aquellos juguetes que muchos de nosotros disfrutamos ya se han quedado obsoletos, pero nosotros jamás podremos olvidarlos. Los bebés antes solo lloraban, ahora comen, ríen, gatean y hablan, los muñecos se limitaban a cerrar y abrir los ojos y gran parte de ellos no tenía ningún movimiento, pero hay que reconocer que nos hacían ejercitar  bien nuestra imaginación..


 
Hace un tiempo visité  en Londres uno de tantos museos del juguete antiguo y disfruté como una niña pequeña. Pude recordar montones de coches, trenes, juegos de mesa y aquellas muñecas de cara de porcelana que nunca me resultaron muy agradables y  las de cartón piedra como la famosa Mariquita Pérez que fue una muñeca española nacida en 1940 que marcó una época. Creo que la diseñó  Leonor Coello de Portugal y fue fabricada por el artesano Onil Bernabé tras la Guerra Civil Española. Mariquita constituyó un auténtico fenómeno social al tratarse de la primera muñeca que contaba con biografía, padres, hermano (Juanín) y un extenso fondo de armario. El primer modelo lanzado en 1940 era de cartón piedra, tenía los ojos fijos de cristal y cabello de pelo natural. A partir de 1941 se comercializaron modelos de muñecas articuladas o andadoras. En 1959, se empieza a fabricar en plástico duro. Su compra, sin embargo, solo podía ser costeada por las clases más pudientes debido a su elevado precio. Os confieso que nunca la tuve, entre otras razones porque nací mucho después y por entonces ya quedaban muy pocas y la mayoría se vendían para coleccionistas.

 
 
Los chicos jugaban con el mecano, ingenioso artilugio, los trenes PAYÁ, el patinete y el aro, la peonza y los más afortunados estrenaban bicicleta.





Voy a cerrar un momento los ojos ... cerremos por unos instantes todos nuestros ojillos y volemos con nuestra imaginación a nuestros años infantiles ...... ¡Eeeeh, no me empujéis que me resbalo con los patines!, mirad qué chulos, tienen las ruedas de aluminio para que no pesen y las correas son rojas y azules y mi cajita de música, esa que parece mágica, no para de sonar.




 Pero también hay otras personitas, más de las que creemos, que esta noche esperarán a los Magos desde una camita muy especial. Este post está dedicado a todos los pequeños que piden solo un milagro con la más hermosa de las sonrisas.  A los niños del Hospital de San Rafael y del Niño Jesús de Madrid.


"En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta."  Pablo Neruda. 
 

domingo, 1 de abril de 2012

TE RECUERDO

Cuando llega esta época del año, es inevitable no acordarse de los colores y aromas de las primaveras  de nuestra niñez.  No digo que tiempos pasados son mejores, toda época de la vida tiene su encanto, cambia el lugar y el momento, pero yo tuve la suerte de vivir rodeada de jardines y el recuerdo de los primeros lirios, del olor a hierba recien cortada o los primeros brotes de las ramas del membrillo, contrastan hoy con el asfalto y el ruido del tráfico que ahora contemplo. Menos mal que las ciudades se siguen adornando con macizos de flores, unos rodeando las fuentes, otros en los paseos y plazas y siempre puedes  admirar preciosas macetas que cuelgan de terrazas y ventanas.




Cada día miraba la tierra, la luz, el calor y el brillo de los rayos solares que iluminaban las laderas de las montañas, delineando a su vez los valles y templando las aguas del río. No era muy caudaloso el que atravesaba mi ciudad, pero pasaba por él a diario y me gustaba. Allí vivía, en la casa que tengo puesta en el sidebar. Cada mañana revoloteaban los pájaros saltando entre ramas de manzanos, perales y tilos, agitando sus alas sin que las hojas perdieran ni una  gota de rocío. Había infinidad de plantas; un redondo y cuidado seto de florecillas blancas rodeaba cuatro rosales, que por cierto, parecían de terciopelo cuando brotaban las rosas los primeros días de junio y conservaban su olor hasta muy entrado el verano. La primera aparición la hacían siempre los lirios morados, las frondosas peonías de un color rojo intenso y las margaritas que parecían alfombrar el suelo.
Contemplar camelias, nardos, pensamientos y sobre todo las lilas, mis preferidas, era para mí una sensación de bienestar que los años no han podido  borrar. Aquello se llamaba libertad, yo lo llamaba libertad. A veces, si cierro los ojos, siento el confortable calor de un sol tibio rodeado de  nubes deshilachadas, el mismo de aquellas tardes primaverales.




No es bueno aferrarse al pasado, pero tampoco hay que quedarse a la orilla de los recuerdos, creo que es mejor adentrarse en ellos cuando el corazón lo desea y asi la mente se relaja.
Allí vivía, en una pequeña plaza rodeada de jardines y en el centro estaba la casa. Nuestra casa. Había olor a fresco, a sol descubierto, a viento serpenteante que rizaba los cabellos por la humedad que se respiraba. Y entre la verde hierba, siempre brillante por las gotitas de agua, estaba el árbol, alto y gallardo, de ramas gruesas y fuertes, lo suficiente para sujetar dos anillas colgadas donde se hacían toda clase de ejercicios y malabarismos. Era su árbol, todavía lo recuerdo, allí lo dejó y allí seguirá con los aros descoloridos y las cuerdas desgastadas por el paso del tiempo. Nunca lo olvidaré y quería contarlo. Deseaba describiros esta parte de mi vida.

Es así amigos. Es difícil  evadirse cuando el pasado se presenta.




Dicen que soy una soñadora
Sí, pero no soy la única.
Yo solo quisiera volar
entrar despacio en los sueños
danzar con espejismos,
dormir en caracolas
pintar arcoiris
y beber el rocío de una hoja.
Cepillar unicornios
jugar dentro de una ola
probar el sabor de las estrellas
y ahogarme en lágrimas de hadas.
Beber el infinito,
recolectar sonrisas
y sumergirme en un suspiro,
bajo el reflejo de la luna.


jueves, 2 de diciembre de 2010

AQUELLOS AÑOS DEL "COLE"





En la vida todo tiene un lado positivo y otro negativo. Los que ya pasamos por aquellos años dorados o no tan dorados de la infancia y la pubertad, esos años en los que la educación y la enseñanza fueron primordiales y necesarios para nuestra formación y desde luego muy diferentes en lo que se refiere a nuestros hijos y a la época actual, creo que nos agradaría recordar un poquito esas vivencias que han marcado nuestro futuro.


No voy a nombrar diferencias, ni a opinar si aquello fue mejor o peor , no es el caso ni el fin de esta entrada, solo me limitaré a recuperar aquellas memorias insólitas cuando desde la más corta edad comenzábamos lo que hoy se llama preescolar y entonces parvulario, hasta la enseñanza secundaria o el antiguo bachillerato. El colegio, el material escolar, las clases, libros, boletines de notas, etc, etc, y hasta las huchas donde se guardaba el poco dinerillo destinado para el dia de la colecta del Domund.



A los cinco años y a veces antes, la mayoría conocíamos perfectamente las letras, comenzábamos a leer nuestra primera cartilla e incluso, repitiendo a coro con musiquilla, nos sabíamos de memoria las tablas de sumar, restar y multiplicar.


Yo fui al colegio a los siete años con todo ésto aprendido, incluso conocía los viejos quebrados o fracciones, como ahora se llaman. Me refiero al colegio grande, al serio, porque hasta entonces mi "cole" era pequeño y la maestra de parvulitos y mi padre se habían encargado de enseñarme hasta dividir. La primera vez que entré en la Institución Teresiana, vestida con un uniforme gris y cuadros verdes, estaba tan asustada como orgullosa, me sentía mayor, era más alta que la mayoría de mis compañeras, cosa que no me agradaba mucho porque se me localizaba más fácil a la hora de hacer preguntas.

Compañeras todas, porque era un colegio femenino como era normal en aquella época. Las chicas por un lado y los chicos por otro, los centros religiosos separados y a una buena distancia. Incluso los institutos de Enseñanza Media eran femeninos o masculinos.

Una cartera de asas cortas,( nada de mochila, ni de carrito), había que llevar buen peso a diario para dar paso a tanta escoliosis de espalda que tiempo después más de uno padecería. Un velo de tul blanco hasta la cintura para los actos de la Capilla, y una bolsa de tela también blanca, para el bocadillo, aquella que salió disparada y fue a caer al río Arlanzón un día que jugaba a enrollar su cinta en el dedo, ja,ja, todavía recuerdo cómo volaba la bolsa con el bocata y la tarjeta del autobús dentro. Ese era todo nuestro equipaje colegial.

¡Ah! olvidaba la bata por supuesto blanca para dentro de clase y el ridículo uniforme de gimnasia, ridículo y horrendo: unos bombachos con peto cruzado por detrás con botones, azul oscuro. Blusa, calcetines y playeras blancas. Parecíamos pingüinos batiendo las alas perfectamente alineados en el patio. Los pantalones y el chandall se permitieron mucho más tarde.







Y vamos ya con algo que no podía faltar

¿Quién no recuerda las aulas y los pupitres de madera?











Los mapas eran de tela encerada y fundamentales a falta de los medios
audiovisuales actuales






































Ejercicios de problemas y caligrafías de Rubio




























¿Quién no recuerda las enciclopedias de: Álvarez o de Dalmau Carles ?
Y el consabido Catecismo obligatorio en los centros religiosos


.



























































Las gomas de borrar de toda la vida


















Las huchas para el Domund












Los bonitos cabás y plumieres de madera




























En ninguna escuela podían faltar la regla, compás, escuadra y cartabón de madera, así como el globo terráqueo.


























El pizarrín era un buen utensilio y muy ecológico. Me encantaban las tizas de colores






































El manejo de las plumillas era todo un arte




Los tinteros de pupitre









Por último, los juegos eran simples pero divertidos, y a veces, un tanto peligrosos como: El tirachinas o el arco y las flechas.
Otros totalmente inofensivos: la peonza y las canicas.

















































Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, no estoy de acuerdo, eso podría ser cierto si no conociésemos las nuevas tecnologías. En el futuro está el progreso y como decía Gabriel García Márquez: "La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado".


Espero que como yo hayais disfrutado de estos recuerdos.