Voz de mi hija

domingo, 15 de marzo de 2026

Glicinias





Dicen que siempre volvemos al lugar donde fuimos felices... ¿A dónde volverías tú ?.
Hay tantos y bonitos espacios en mi vida donde he sido feliz que sería injusto solo nombrar uno, quizá a la infancia con mis padres y mis dos hermanos, una familia de la que su recuerdo me emociona y se me hace un nudo en la garganta porque de los  cinco que fuimos ya solo quedamos dos. Volvería también a ese jardín lleno de flores, a ese árbol del que colgaba un columpio azul, a la sombra del membrillo con el botijo de barro, a ese lugar lleno de poesía donde poco a poco me fui haciendo mujer.

Volvería sin duda pero siempre con la mente, de otra manera es imposible, el tiempo se encarga de borrarlo todo pero lo deja grabado en la memoria y siempre es un placer tenerlos presente, aunque a menudo se asocia con el deseo de revivir recuerdos positivos, lo que implica la búsqueda de protección emocional y la reconexión con la propia identidad.

 Cuando se llega a una edad, se sufre añoranza de la juventud, también llamada "melancolía del adulto", extrañamos la intensidad de la vida sin frenos, la rebeldía y el auto descubrimiento. Existe la "nostalgia"precoz en jóvenes que echan de menos el pasado inmediato, buscando refugio en la memoria, el "impacto emocional"al recordar canciones, amores o lugares que se convierten en parte de nuestra historia y de aquí la pregunta que he hecho al principio. Cuesta olvidar el pasado, yo misma ni puedo ni quiero olvidarlo, pero es totalmente importante centrarse en el presente para nuestra salud mental.

Yo, por mi enfermedad no pienso en el futuro, quizá sea un error pero tengo fecha de caducidad y eso lo sabemos todos los que hemos pasado por una grave proceso. Mi poca salud hace que saboree ahora más la vida, que quite importancia a las cosas que en absoluto la tienen, que me preocupe de ir a la moda aunque mi figura no sea la misma, aunque camine despacio y no vaya erguida como mi figura antes me lo permitía.

Aceptar el momento que estamos viviendo, ese es mi lema.



jueves, 1 de enero de 2026

FELIZ 2026





El 2026 nos dijo adiós como siempre se marchan
los años, arrastrando toda una estela de acontecimientos que ha durado doce meses. Para algunos habrá sido difícil, para otros pasó sin pena ni gloria y para los más afortunados habrá estado cargado de buenaventuras. Lo cierto es que hemos llegado hasta aquí, disfrutando o padeciendo, pero hemos tenido la fortuna de vivirlo.

 Recuerdo finales de año muy divertidos, la mayoría con mucho frío, jugando a alcanzar los carámbanos que colgaban de los árboles, pisando la nieve que había caído el día treinta y uno mientras la luna correteaba entre las nubes, la lluvia jugaba a la comba en el camino, mi silueta se columpiaba entre arbustos y matorrales, el jadeo inflaba mis sienes al correr entre los charcos, el viento agrietaba mis párpados y mis rodillas se amoldaban en la escarcha. Una forma un tanto poética de despedir el año pero hermosa. 

 No creo en los milagros, creo en la fuerza de la mente y en la lucha por la supervivencia. Voy a contaros una historia que algunos ya conocen porque la publiqué en una ocasión y que de nuevo voy a sacar del baúl de los recuerdos en estas fechas.  Una historia verdadera y hermosa que marcó los pocos años que tenía entonces. El nombre de su protagonista es ficticio como es lógico. 

Miguel era un joven de diecisiete años que un día haciendo deporte en el colegio, cayó fulminado al suelo. Ingresó en el hospital aquejado de un accidente cerebrovascular grave y fue llevado directamente a la UCI entrando sin remisión en un coma profundo. No sé el tiempo exacto que llevaba en ese estado, cuando yo comencé mis prácticas en Cuidados Intensivos me dijeron que era el veterano más joven de allí y que ya sobrepasaba el año. Intubado y conectado a varias máquinas que mantenían sus constantes vitales, Miguel pasaba los días sin dar ninguna señal de mejoría.  Ausente, con los ojos cerrados, pero vivo, su corazón y su cerebro seguían marcando el ritmo en los monitores. Todos los días me tocaba ocuparme de él, solía pronunciar su nombre varias veces y a ratos le hablaba, estaba segura de que me oía, aunque no obtenía ninguna señal yo sabía que me escuchaba. Está experimentado que en estado de coma el único sentido que prevalece es el del oído, y también el último que se pierde.  Una mañana de finales de diciembre y después de tomarle las constantes vitales, me fijé que el suero se estaba terminando y fui al almacén para buscar uno nuevo. Volví con la botella tarareando  bajito una  canción propia de las fechas. Mientras colgaba el suero, miré con tristeza como tantas veces el rostro de aquel joven. De repente una lágrima resbaló por su mejilla, fue una señal que me impactó, quizá la única forma que tuvo Miguel de hacerme entender que escuchaba mi canción y a la vez el primer indicio de esperanza. Después de las vacaciones navideñas no volví a la UCI, me trasladaron a otro servicio, lo mismo que a Miguel. Me dijeron que había salido del coma y estaba ya en la planta de Neurología y aunque amenazaban inevitables secuelas, estaba consciente mejorando poco a poco. Nunca dije nada ni comenté el caso, pero si los milagros existen, Miguel desde luego fue uno de ellos. Me pregunto si habrá recordado alguna vez más aquel villancico, no importa, es algo que ocurrió hace tiempo y que fue importante y muy gratificante para mi en unas Navidades inolvidables. 

 FELIZ AÑO A TODOS .

 "Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones." Juramento de Hipócrates.      

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Diciembre. De nuevo.



Pues sí, de nuevo la euforia por las próximas fiestas que se nos vienen encima en este mes. De nuevo la avalancha para ver las iluminaciones de las ciudades, las comilonas de la gente, el atasco del tráfico, las prisas porque hay más dinero para comprar caprichos y de nuevo los langostinos por todas las pescaderías, como si solo se degustaran en éstas fechas, los dulces de toda la vida y especiales para golosos a quiénes la glucosa y el colesterol importan un rábano, aunque lleven  tomando estatinas y antidiabéticos todo el año. Qué importa, luego en enero vendrá el llanto y el crujir de dientes y la famosa cuesta que nunca desaparece.
Y la lotería?, pues la lotería es otra forma de agobio. Largas colas por conseguir el papelito de la suerte, que todos los años cambiamos por la salud con cara de decepción, sin darnos cuenta de que esa es la verdadera suerte, el primero y mayor premio.
Para muchos la Nochebuena es sinónimo de unión familiar, para otros es una evocación del recuerdo. Una mesa bonita decorada con gusto poniendo la mejor vajilla, las sillas justas esperando reunirse y el momento de degustar lo que cada uno puede, o tiene y a veces gastando más de lo que se puede o se tiene.
Para otros son días en los que empujan los recuerdos, cada vez cuesta más no entristecerse, poner un asiento menos y tragar saliva para no llorar porque ya no ves a tu madre feliz preparando las cosas con alegría, a tu hermano colocando las luces del abeto que era natural y no de plástico como los de ahora, a tu padre colocando el musgo en el belén de arcilla o de barro, al que cada año había que reponer alguna figura porque faltaba un brazo desde las Navidades pasadas.
Todo un compendio de cosas que como una película pasan por la mente y que a mí en concreto me hacen feliz. Sin embargo no me gusta nada ese afán de consumismo que hay ahora. Los tiempos cambian, pero las vivencias del pasado no quiero olvidarlas, forman parte de nuestra historia, forman parte de nuestra vida y las llevaremos prendidas en el corazón siempre, aunque muchas veces nos hagan llorar a los que seguimos siendo de lágrima fácil.

Un neurólogo de Harvard explica que quiénes lloran fácilmente tienen un sistema nervioso que procesa los datos emocionales en tiempo real, lo que significa que su cerebro conecta emociones y lógica de manera instantánea. Las personas que lloran rápido NO son inestables, pueden reflejar una mente emocionalmente inteligente y conectada, son perceptivas, conscientes de sí mismas y neurológicamente preparadas para la conexión y la prevención de conflictos.
No somos débiles por llorar.

Feliz Diciembre amigos.
 

martes, 4 de noviembre de 2025

Noviembre de nuevo.

Noviembre, un mes con fama de triste que comienza recordando a los que ya no están con nosotros. Mes que huele a crisantemos, a gotas de niebla y los cipreses se alzan al cielo, mientras a lo lejos se oyen los pasos de un olvidado don Juan Tenorio.
Lloran los cipreses, sus copas bailan con el viento la canción más triste del otoño, lo hacen silenciosamente meciendo las esbeltas ramas y juntando las hojas como en un minueto, solo un leve sonido sepulcral vigila el sueño de los muertos. 

Decía Ramón Gómez De La Serna que "un cementerio es una gran botica fracasada", una frase que puede parecer polémica pero que no le falta razón.

Cuando llega está fecha no suelo faltar, es para mí una obligación más que una devoción.
Caminar entre cipreses al compás de un viento helado y con un movimiento encadenado, es desfilar teniendo ante mí escenas del pasado.

 Unas tristes palabras se congelan y siempre una lágrima se escapa. Aferrada al recuerdo aprieto las manos, cierro los ojos y sepulto un leve suspiro. Detengo el tiempo cerrando todas las compuertas, y en esa breve paz encierro con fuerza todo el infinito. 
Pero este año no he podido. Tengo el corazón helado y dudo que mis pies hubieran caminado entre las losas como antes.
Son costumbres que llevo arraigadas en mi alma.

En noviembre el frío vuelve. Feliz mes.


domingo, 19 de octubre de 2025

19 de Octubre.




Hola amigos blogueros...
Mi lucha por la vida comenzó tal día como hoy, 19 de octubre Día dedicado al cáncer de mamá, ya han pasado cinco años duros, inolvidables, cinco años que me han cambiado totalmente, no hay una sola parte de mi cuerpo que no se resienta, dolores musculares (mialgias varias), cansancio y fatiga propia de un tratamiento hormonal. Ni siquiera la forma de caminar es la misma, mi equilibrio es inestable y salir a la calle es toda una lucha sin apenas fuerza. Pero... A pesar de las vicisitudes he logrado llegar hasta aquí y sigo viva, no sé cuánto tiempo pero sigo mejorando gota a gota y tengo ante mis ojos un nuevo otoño, veo por mi ventana la caída de las hojas que pronto formarán una bonita alfombra ocre, lo veo todas las mañanas con un café caliente entre mis manos, a veces con los dedos agarrotados y esa rigidez no duele, lo que duele es el alma cuando sé que no puedo tocar las cuerdas de mi guitarra 🎸.
En una reunión de compañeras con el mismo problema, prometimos mirarnos al espejo nada más levantarnos y saludar al rostro reflejado mientras sonreímos, " ahí estoy, esa soy yo, con algún cambio, con alguna arruga pero otro día más dando gracias a la vida."

No olvidéis haceros las revisiones al menos una vez al año. No es agradable, pero por Dios, no perder la salud es muy importante para vosotras y vuestra familia.
Prevenir, mejor que curar.


domingo, 5 de octubre de 2025

Amor incondicional

Para mí está claro amigos, que somos energía y somos materia.
 El principio de la Ley Fundamental de la Física, y el primero también de la Termodinámica dice que "la energía no se crea ni se destruye, solo se transforma" frase que se asocia comúnmente con Albert Einstein.
La materia en cambio es la sustancia que forma los cuerpos físicos, en otras palabras, se trata de todo aquello que tiene masa y que ocupa un lugar en el espacio, la materia por tanto con el tiempo se deteriora y termina desapareciendo, muriendo.
No voy a entrar en dilemas científicos, ni filosóficos y mucho menos religiosos. La ciencia no reconoce la existencia del alma como una entidad espiritual, inmortal e independiente del cuerpo, la ciencia entiende como concepto de "alma"como una manifestación de la conciencia y la actividad cerebral. En concreto se está centrando y haciendo estudios de fenómenos como las llamadas "experiencias cercanas a la muerte".

Os preguntaréis por qué toco un tema tan delicado y hasta puede que conflictivo. Quizá sea para consolar y resignarme cuando pierdes a alguien muy querido e importante para nuestra familia, el duelo nos está costando mucho, mejor dicho muchísimo y todo aquel que haya tenido o tenga una mascota durante doce años y medio, lo comprenderá y sabrá entender lo duro que es perderla.
Era un miembro más de la familia, cuando llegó solo contaba con tres meses, era un beagle precioso que se pegaba a las paredes buscando un refugio que le diera seguridad. Aullaba con un leve sonido, de hecho nunca ladraba, no le oímos hacerlo salvo en raras ocasiones, un auténtico rastreador que empezó destruyendo zapatillas y paseando por donde fuere cualquier papel que encontraba, higiénico, servilletas y paquetes de kleenex, sus favoritos, le hacían feliz.

Un perrito cariñoso, bueno, leal y transmitiendo alegría siempre. Infinidad de recuerdos los que nos ha dejado, doce años y medio dan para mucho y la casa ahora no es la misma, desde hace unos días Káiser ya no está. Cumplió su ciclo de vida y en silencio se marchó abrazado a mi hija en busca del arcoiris.
Por el cariño que nos dió, por la compañía y sobre todo por la alegría que mi hija tuvo a su lado, mi tardía entrada está dedicada a él, nuestro perrito Káiser y si es cierto que la energía no se va, quiero creer que sigue a nuestro lado.



domingo, 3 de agosto de 2025

Tres de agosto de nuevo.




Tres de agosto, yo sé que sigues conmigo, que nunca te irás del todo y mientras una lágrima resbala por mi rostro, tendría que decirte infinidad de cosas. Todo ha cambiado, si pongo en la balanza de la vida lo bueno y lo malo, quiero pensar que se inclina un poquito más hacia la belleza y felicidad que tú siempre has deseado para mí.
Este verano no puedo ir al mar, no puedo pisar la arena y lo único que haré serán castillos en el aire. 
Cuando falla el cuerpo, cuando el dolor no se palia ni con la anestesia más fuerte, hay que llevarlo con dignidad y jamás tirar la toalla. Sigo apoyándome en el bastón negro de la vida, sigo con cansancio en cuanto doy dos pasos, pero también sigo con la esperanza de que pronto vuelva a ser tu chica de antes. 
No, no me hagas ya las trenzas, soy mayor y no quiero que asomen las canas. Tú sigue cobijando mis sueños, tejiendo con hojas el frío invierno, pintando con nieve la primavera y bailando descalza entre mares y ríos de escarcha.
Algún día te llegará un telegrama, te diré que me esperes en la puerta, para que de tu mano al Paraíso vaya.