Dicen que siempre volvemos al lugar donde fuimos felices... ¿A dónde volverías tú ?.
Hay tantos y bonitos espacios en mi vida donde he sido feliz que sería injusto solo nombrar uno, quizá a la infancia con mis padres y mis dos hermanos, una familia de la que su recuerdo me emociona y se me hace un nudo en la garganta porque de los cinco que fuimos ya solo quedamos dos. Volvería también a ese jardín lleno de flores, a ese árbol del que colgaba un columpio azul, a la sombra del membrillo con el botijo de barro, a ese lugar lleno de poesía donde poco a poco me fui haciendo mujer.
Volvería sin duda pero siempre con la mente, de otra manera es imposible, el tiempo se encarga de borrarlo todo pero lo deja grabado en la memoria y siempre es un placer tenerlos presente, aunque a menudo se asocia con el deseo de revivir recuerdos positivos, lo que implica la búsqueda de protección emocional y la reconexión con la propia identidad.
Cuando se llega a una edad, se sufre añoranza de la juventud, también llamada "melancolía del adulto", extrañamos la intensidad de la vida sin frenos, la rebeldía y el auto descubrimiento. Existe la "nostalgia"precoz en jóvenes que echan de menos el pasado inmediato, buscando refugio en la memoria, el "impacto emocional"al recordar canciones, amores o lugares que se convierten en parte de nuestra historia y de aquí la pregunta que he hecho al principio. Cuesta olvidar el pasado, yo misma ni puedo ni quiero olvidarlo, pero es totalmente importante centrarse en el presente para nuestra salud mental.
Yo, por mi enfermedad no pienso en el futuro, quizá sea un error pero tengo fecha de caducidad y eso lo sabemos todos los que hemos pasado por una grave proceso. Mi poca salud hace que saboree ahora más la vida, que quite importancia a las cosas que en absoluto la tienen, que me preocupe de ir a la moda aunque mi figura no sea la misma, aunque camine despacio y no vaya erguida como mi figura antes me lo permitía.
Aceptar el momento que estamos viviendo, ese es mi lema.


