Voz de mi hija. . Aline

Voz de mi hija

jueves, 28 de marzo de 2024

Viernes Santo.

De nuevo preparamos el sudario. 
Un aroma a rosas me excita la pituitaria. Rosas seguramente rojas que entre el silencio y la soledad del Viernes Santo, llega hasta mí aliviando la tristeza que padecen católicos y cristianos.
Y empinando mis pies en el suelo, veo un hombre que a paso lento se tambalea descalzo y miro su rostro lívido, lleno de guijarros y los cabellos húmedos que por su cara caen lánguidos.
La noche se está cerrando, de terciopelo morado va vestido y por sombrero lleva, una corona de espinas sujeta con clavos.

¿Quién camina solitario por las calles vacías?, es Jesús el Nazareno la tarde del Viernes Santo.
Silencio, que una oración merece, quien sólo va bajando con la mirada fija en el suelo y en las manos sujetando ese divino madero. 
Y el corazón se me encoge, cuando siento el dolor de un hombre que ya pasó por aquí hace un año. Hay saetas con sentimiento y poemas mal rimados, hay duelos y quebrantos. Hoy las palmas son para Él, la tarde del Viernes Santo.



Dice una voz popular:
¿ Quién me presta una escalera,
Para subir al madero
Para quitarle los clavos
A Jesús el Nazareno ?

Antonio Machado.





viernes, 22 de marzo de 2024

Primavera, el vals de las flores.

 Hoy hablé con las flores, ¡ah! que no me creéis? pues no hay nada más cierto. Caminando a paso lento y con poca energía por el Paseo de la Castellana y después de salir de un hospital con una férula en la mano por una tendinitis, necesitaba aire fresco y ver el colorido de un día despejado con cielos índigos.

Estamos en primavera, me encanta pasear por los bulevares , ver las plazas y las fuentes cuajadas de flores, admirar las filigranas que hacen esos magníficos diseñadores llamados jardineros y el placer de contemplar el arte floral y la diversidad de especies que la estación nos ofrece.

Sí, hoy he hablado con las flores. Las flores simbolizan la expresión anímica de la naturaleza humana y nos conducen a la sensibilización del alma. Una flor es un símbolo para compartir, que nos bendice con sus beneficios para la salud emocional. Las flores nos hablan, nos cuentan relatos de vidas que hay que saber escuchar e interpretar.
 
 
Las flores se vistieron hoy para el baile, el vals de la primavera, con floreados vestidos de tul para dar envidia a la orquídea. Cuando acaba el espectáculo recolectan los colores, roban algunos rayos amarillos de luz, una pincelada de un atardecer rojo, una pizca de mar azul, y un poco de negro nocturno para empezar su descanso. Después del largo baile los colibrís siguen rondando, buscando pareja para disfrutar de la danza.

Hermoso el vals de las Flores haciendo piruetas entre velos de aroma. Hay en los almendros un blanco aleluya, los tomillos y los chopos huelen a verdes de luna.
En mi poético pensar, dormiría en las hojas, jugaría por las arenas de los ríos, tocaría con mis manos los colores del aire y con alas invisibles, violetas y narcisos a las nubes subiría.
Hoy he hablado con las flores.
El Tulipán me confesó que quisiera alargar su vida, la Rosa no tener espinas, el Clavel pidió una suave caricia y el Azahar un amor infinito. Todo está concentrado en ese silencio verde donde mis amigas las flores tienen su sinfonía.
 
Buenos días- dijo el Nenúfar- acércate a mí -dijo la Rosa- tengo sabor a miel - sugirió el naranjo- y bailemos todos juntos nuestro vals, antes de que la primavera muera.

 


martes, 12 de marzo de 2024

LLUEVE




Escucha como llueve,
es el llanto del cielo
sus lágrimas llevan consigo
una mezcla de dolor y consuelo.

Llueve, con un aroma inconfundible,
huele a plantas y a tierra mojada
a jardín desnudo, a manojo de hierba
a sabor a río que humedece la boca.

Llueve, en los campos sembrados
en las ramas de los manzanos
entre olivares y trigo
en las viejas piedras de los tejados.

Calles vacías y suelos embarrados
espejos de plata parecen los charcos
nubes oscuras henchidas de agua
riegan con gotas rincones del alma.

Como si el cielo compartiera mis penas, 
las lágrimas de los ángeles caen en silencio 
detrás de mi ventana, llorando ausencias 
imágenes distantes mojan mis venas.

El viento a su antojo el cuerpo mece,
a veces sin piedad me ahoga 
con el corazón encogido la sangre teje
mientras la lluvia sigue cayendo
sorda a mis confidencias.

Llueve en primavera,
las hojas del árbol rocío emanan.

Llueve en verano,
el mar y la lluvia la arena bañan.

Llueve en otoño,
pajarillos posados en las secas ramas.

Llueve en invierno,
caen las gotas en blanco desierto.

Como el labrador al ver su campo perdido,
vuelve los ojos al cielo clamando lluvia
 su cosecha ha muerto.

Llueve...