Estrenamos mes y para mi septiembre es especial. Aunque todavía el calor aprieta ya va siendo más soportable y los amaneceres más frescos, el verano va preparando el equipaje de salida y el otoño vendrá como siempre saludando con su tradicional colorido y además en este mes ¡me casé!, sí, a finales, hace ya doscientos años me casé.
Y después de un descanso largo o breve, es tiempo de reflexión. Mirar a lo lejos el rojizo color que tiene el cielo cuando cae la tarde, un panorama que nunca te cansa, aunque ya no sea a la orilla del mar, ni en la ladera de la montaña, sino en el mismo café de siempre sentada en la mesa también de siempre, me produce la sensación de bienestar necesaria para poder encontrar la verdadera paz mental y emocional que ando buscando y liberarme de esas adicciones, compulsiones, depresiones, celos, miedos etc…, que todos podemos padecer.
Soy observadora, a veces demasiado y me he dado cuenta de que a medida que aumenta la cantidad de pensamientos aumenta la experiencia negativa sin importar la polaridad de los pensamientos, es decir aunque los pensamientos sean positivos, si es muy rápido el flujo, producen estrés, desesperación, angustia, etc., y que a medida que disminuye el flujo de ellos por minuto, la experiencia es mucho más placentera y relajada, y la sensación de paz y tranquilidad es más fuerte, más sublime.
Quizá no sea fácil de entender, pero parece que para llegar a esa sensación de paz mental y emocional que tanto buscamos, es necesario aprender a disminuir la cantidad de pensamientos por minuto que pasan por la conciencia, que según la psicología son un promedio de 60 mil pensamientos por día en un adulto común. Pero resulta inevitable, el ser humano piensa y no cuenta la cantidad de veces que lo hace.
La vida, la hermosa vida, la única que tenemos, aunque a veces sea como un dolor agudo y punzante, una espina clavada en el escaparate de nuestros corazones. Me pregunto por qué hay días que el amanecer suele ser más frío que de costumbre, días que sientes ese pinchazo en el alma más fuerte, que sientes un desgarro por un armario vacío, un amigo que se va en silencio o una huella que el tiempo borra. Aún así, la vida es una caja de sorpresas o como dice Tom Hanks en su papel de Forrest Gump "La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar", por ello buscar pequeños oasis donde poder recuperar fuerzas forma parte de la existencia.
Debemos estar preparados para cuando nos lleguen esos nubarrones que ocasionan grandes tormentas; la naturaleza de la vida nos enseñará golpeándonos donde más duele. Somos niños asustadizos que ante cualquier pesadumbre no sabemos la mayoría de las veces sobrellevar esta pesadilla, que se adueña de nosotros como un fantasma disfrazado de debilidad humana. Difícil situación cuando se presenta, pero debemos levantarnos heroicamente. Es nuestro preludio de satisfacción, porque no hay caminos con pétalos de rosa para llegar a la cima. A veces pienso que el gran éxito de la vida que todos nosotros anhelamos, solo existe y se alberga en nuestro corazón soñador y él es el que nos da el poder de cambiar tormentas por rayos de sol y heridas por pétalos .
Son reflexiones de septiembre, siempre tratando de encontrar el lado más positivo.
Septiembre tiene su encanto, huele a frescura, sabe a uva madura y tiene color de atardeceres rojizos, de espigas doradas. Reminiscencias de mar y arena, de montañas y campos, dan paso a aromas de hogar y vida familiar más recogida.
Son reflexiones de septiembre, siempre tratando de encontrar el lado más positivo.
Septiembre tiene su encanto, huele a frescura, sabe a uva madura y tiene color de atardeceres rojizos, de espigas doradas. Reminiscencias de mar y arena, de montañas y campos, dan paso a aromas de hogar y vida familiar más recogida.
Felicitaciones a todos los que en este mes cumplen años, en especial a mis amigos del hemisferio sur que pronto tendrán su primavera.

La vida es hermosa si haces el esfuerzo por hallar hermosura en ella.













