El silencio es oro

Voz de mi hija El silencio es oro

sábado, 13 de julio de 2013

OCÉANOS


Desde el mar, el Océano Atlántico. y dentro de unos días será el Cantábrico. No importa el nombre ni el lugar, el mar sigue siendo cómplice de tranquilidad, el alma se serena y el cuerpo
se deja abrazar suavemente por la brisa.

 
El mar es el espejo de nuestros sentimientos. Los más melancólicos nos los devuelve con una imagen menos triste, llena de esperanza, y además nos ofrece el mejor espectáculo de vida detrás de un horizonte infinito e inalcanzable, amenizado con la música de las olas y la magia del color.
 
Será porque sin agua, no hay vida. O porque el cuerpo humano está compuesto por entre un 65 y un 70 por ciento de agua. Lo cierto es que la inmensidad del océano siempre ha resultado una fuente de inspiración a la hora de escribir.

El mar ha inspirado libros enteros. Uno de los ejemplos más conocidos es “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway. Sin dudas, el norteamericano fue un escritor que siempre vivió atraído por la costa.

En el mundo de la poesía, yo citaría “Marinero en tierra”, del español Rafael Alberti. Sus poemas se encuentran, en su totalidad, dedicados al mar y a los marineros.
 

El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
 
¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños, la marejada

me tira del corazón.

Se lo quisiera llevar.
 
Padre, ¿por qué me trajiste
acá?





 Hasta la vuelta.

martes, 2 de julio de 2013

CONFESIONES



Si alguien me hiciera alguna pregunta indiscreta, está claro que nunca respondería, en cambio hay otro tipo de preguntas que no me importa en absoluto contestar. Las respuestas aquí las tenéis:



 Me incomoda: La falta de respeto.
Me desagrada:   La falta de ética y la mentira.
Me enerva: La avaricia y la prepotencia.

 Me sorprende : La vulgaridad.

 Me deja perpleja: La mala educación.
 


Me hace reír: Mis propios defectos.

Me hace llorar:    La soledad y los recuerdos tristes.

Me da náuseas: La humillación y el maltrato.


Me hace feliz: La salud y el éxito de mi familia.

Me trae infelicidad: El sufrimiento.


Me da lástima: El hambre y la miseria.

Lo que deseo: Estabilidad y paciencia.

Lo que temo: El dolor y la impotencia para aliviarlo.

Lo que no quiero perder: La salud y la dignidad.


Lo que quiero alcanzar: La luna, pero es imposible.
La fecha que odio: El día 6 de julio

La festividad que adoro:   El aniversario de mis hijas.
Una mentira que he dicho: " Te pondrás bien ..."

Una nostalgia:      Mi jardin y mi guitarra.






Hoy que el tiempo ya pasó,

hoy que ya pasó la vida,

hoy que me río si pienso

hoy que olvidé aquellos días,

no sé por qué me despierto

algunas noches vacías

oyendo una voz que canta

 y que tal vez es la mía.


.
 

martes, 25 de junio de 2013

CIELO DE VERANO



 
 



Estrenamos verano, este año se ha hecho esperar y muchos se alegrarán  de ver por fin un sol radiante, las terrazas de los bulevares llenas y disfrutarán de un merecido descanso.  No sé las veces que he dicho lo mal que soporto el calor, las ciudad me parece descuidada, la gente suele colgar la elegancia en el armario y prefiere ir ligera de ropa buscando la comodidad por encima de todo. 
 Sin embargo me gusta el cielo del verano, a veces azul y a veces gris por la calima. No sé cuántos cielos veraniegos he mirado ya, demasiados, y siempre aprovecho el aire cálido y suave  que es capaz de traer a mi memoria escenas y momentos entrañables. Todos guardamos veranos inolvidables, veranos que dejaron un buen sabor de boca, que nos llenan de recuerdos, de experiencias y de trazos imborrables que a muchos nos marcaron un destino. En verano se ganan amores y también se pierden. Los que se ganan hay que conservarlos en paños de oro, es la única manera de que sigan en nuestro corazón sin que el calor del estío los marchite.
Los que perdemos, se pueden recuperar sin esfuerzo mediante la voluntad y la paciencia. Otros en cambio se nos escapan por negligencia o porque no supimos darles importancia en su momento y se han quedado anclados en los espacios más recónditos del alma. 

 Me gusta mirar al cielo en verano. Miles de estrellas brillan como clavos de plata y en mis sueños sigo dibujado el perfil de muchos rostros queridos entre ellas.




Me apasiona volver al mar, dejarme mecer por las aguas una vez más entre susurros de viento y azotes de rompeolas. Volver de nuevo a mi Cantábrico cuando aún la brisa sigue siendo fría y la arena se esconde al atardecer cuando sube la marea. Me gusta saborear su soledad, oír el rugido del oleaje y los chillidos de las gaviotas, mientras lentamente se van alejando los pocos rayos de sol que el ocaso se lleva.




En las noches de verano soñamos los soñadores, los que de alguna manera tenemos la imaginación demasiado cargada de ilusiones. Soñaba de niña cosas inverosímiles a veces y otras demasiado complicadas que me llevaban incluso a tener miedo a dormir. Hay una terrible experiencia por la que muchos hemos pasado en nuestra infancia, los llamados "terrores nocturnos" que muy poco se habla de ellos porque ocurren en una etapa tan prematura que el propio tiempo se encarga de disiparlos y que son más frecuentes en esta estación.

Las noches de verano incitan a meditar. La mente es un instrumento, una herramienta. Está ahí para ser usada en una tarea específica, y cuando completas esa tarea, la sueles dejar descansar. Yo diría que entre el 80 y 90 por ciento del pensamiento de la mayoría de la gente, es inútil y repetitivo y teniendo en cuenta su naturaleza disfuncional y a menudo negativa, buena parte de él también es dañino. Observa tu mente y te darás cuenta de que es verdad. El parloteo mental produce un serio desgaste de nuestra energía vital.

El pensamiento compulsivo es casi una adicción, sientes que no puedes dejar de pensar porque al fin y al cabo estamos identificados con él; creemos que si no pensamos dejamos de ser: "Cogito ergo sum"-Pienso, luego existo-
Se dice que para liberarse hay que vivir el momento presente, olvidar el pasado y no dar importancia al futuro, ésta es la clave de la verdadera liberación, pero no podemos encontrar el momento presente mientras estemos pendientes de nuestra mente y librarnos de ella parece imposible.

Es complicado.... No quisiera perder mi capacidad de análisis y discriminación. No me importaría aprender a pensar con más claridad, más enfocada, pero por nada del mundo quisiera perder la mente. El don del pensamiento es lo más precioso que tenemos. Sin él sólo seríamos otra especie animal.



 

Seguir mirando el cielo del verano es inevitable, buscar caras, pintar luceros o símplemente elevar hasta arriba el más imposible de los deseos. Soñar con aquellos días que fuí feliz y que ahora les pongo nombre para serlo siempre, para hacer de cada noche de verano un sueño interminable, más allá del alba, hasta que me abrase los pies bajo las estrellas.

Llévate una rosa


.

domingo, 16 de junio de 2013

EL DOLOR QUE MENOS DUELE



Con un café caliente en las manos y en una noche de junio cuando ya el calor avisa de la inminente llegada del verano, escucho el tintineo de los latidos del corazón. Su ritmo acompasado se nota más fuerte en el sigiloso silencio y a pesar de que para algunos puede resultar inquietante, es la señal más clara de nuestra existencia. Con el corazón se ama, se sufre, se siente y hasta se escribe y se piensa. Pensamientos que me dicta en la hora bruja, emociones que durante el día no he tenido tiempo de meditar.

 El dolor humano, quién no sabe cómo paliar un dolor. Existen todo tipo de analgésicos, desde el conocido opio o adormidera, que es de los más antíguos, hasta el ácido acetilsalicílico conocido por aspirina. Analgésicos que quitan el dolor del cuerpo,  que alivian los problemas externos, pero jamás los  del alma.


¿Duelen los hijos?... una pregunta banal que no sería necesario hacerla por su clara evidencia. Duelen, ya lo creo que duelen y pocas terapias hay para aliviarlo.  La verdad es que somos los seres más desvalidos de la naturaleza y los únicos que tardamos un tiempo en poder valernos sin ayuda. Los padres tenemos que adivinar e intuir lo que a nuestros hijos les ocurre en la primera etapa de la vida. El dolor de sus primeras caídas cuando se sueltan de nuestras manos o cuando llega el momento de escolarizarlos, a veces a una edad demasiado temprana.
 Duele entonces verlos indecisos,  para ellos es la primera separación, un nuevo ambiente, una situación desconocida a la que se enfrentan solos.

El dolor de la pérdida de su mascota quizá sea uno de los más fuertes que experimentan, un dolor inexplicable para los que aún no conocen la muerte. Por qué, te preguntan, y no trates de hablar de ciclos porque nunca lo entienden y se niegan a aceptarlo. Tú sabes que sufrir y llorar significa vivir, un pequeño de tres años solo desea que su amigo vuelva.

 
 

Duele su preocupación cuando comienzan los estudios, duelen sus exámenes, sus fracasos, su esfuerzo y sus horas robadas al sueño. Duele pensar en su incierto futuro, su próximo trabajo o su nuevo proyecto. Ver su tristeza ante las cifras de paro.

Duele cuando deciden vivir su libertad y recogen sus cosas. Duele ver el armario vacío, sus juguetes de niño y esas botas que se habían quedado pequeñas.

Duele, sí, pero también es el dolor más soportable que existe.




A mi dolor se suma la impotencia cuando te veo llorar. Te brindo mi apoyo y te abro mi corazón. Perdóname porque quizá me he dormido mientras estás en vela y dormir no es vivir, es alejarse de la realidad y vivir no es presentir palabras, las palabras duermen, bellas son al sonar pero nunca duran lo suficiente. El viento se las lleva en las noches claras, cuando cumplido el día estira el último rayo y como un pincel de luz cierra tus ojos y te duermes en mi regazo como antes, porque la noche sigue siendo larga, demasiado larga.
 

¿Que si me dueles por ser mi hij@? ... me dolerá siempre que tú sufras.



 

martes, 28 de mayo de 2013

EL BAILE DE LA LUNA







 

La noche era cálida en la nave de los sueños mientras surcaba con una estela de color los cielos del planeta. Desde el infinito, las amarillas luces de este manto inmenso iluminaban todo. No había estrellas fugaces, no había deseos que pedir al verlas correr por la bóveda celeste.

Pero en la quietud de la noche sonó una ligera nota musical que rompió su calma.
Después de este tímido sonido, vino otro y otro… y así como las gotas del comienzo de una lluvia, sonó toda la melodía, el magistral Claro de Luna de Beethoven. Parecía que el Universo estaba dormido, pero entonces la LUNA se despertó en la anaranjada noche urbana para, por un momento, posarse en el marco del firmamento y escuchar aquella música suave.

La LUNA, era especialmente hermosa esa noche. Como una cicatriz blanca en el cielo se elevaba saludando a todo el que deseaba contemplarla, amaneciendo en nocturnidad sobre los mortales durmientes, sonriendo a todo el que dejó el mundo de los sueños, para poder soñar despierto al son de esta dulce melodía.
La noche abrió la tapa del piano. La LUNA danzando esbelta entre velos de nubes y la música que baila ralentiza el ritmo de la noche.
 

Cae la LUNA. Se corporiza.

Viene a mis pies. La llevo.

Yo voy también andando bajo su ala.

Cae la LUNA y vamos sin fronteras

La LUNA verde. Piel de plátano.

La LUNA ...

Hora transparente como vidrio.

La aguja está en el centro de la LUNA.

La diviso sin tiempo.

Desde la infancia y con racimos.

Mientras el mundo pesa sobre otros hombros

camino sobre charcos formados

con la sangre de la LUNA

y dejo suspendidos los carriles

de este décimo mes que no me ampara.

Nieve: leche de LUNA.
 
L. Muñiz

 
Publicado el 17/12/06 .

Hay noches que necesito arroparme con las sombras  doblando el manto de las estrellas y temblando arrimo el corazón al lado de la luna. Una luna cegada por la niebla que intento desvelar con el pensamiento. Un pensamiento que a veces duda del fuego de las estrellas, duda que el sol alumbre cuando se oscurece la mente, duda que la verdad sea mentira, pero no duda jamás que soñar es también un arte.