
Hoy, mejor dicho esta noche, no tengo ganas de dormir, no puedo dormir, así que estoy acurrucada en mi sofá preferido donde parece que es el mejor lugar para desahogar mi tristeza. Ya sé que muchos no me entenderéis, que os parecerá que dramatizo un hecho normal en todo ser vivo, pero también sé que todo el que ama a los animales lo comprenderá más fácil y con ello cuento.
Son las tres de la madrugada y hace dos horas que mi pequeño lorito ha muerto. Mi Peter, después de diez años con nosotros y cinco con una enfermedad neurológica degenerativa, si, igual que las personas también los animales pueden sufrir estos males y tener terapias parecidas. Se fue deteriorando hasta quedarse ciego y cojito, pero a pesar de todo tenía el corazón fuerte y como cualquier ser vivo luchaba con todas sus fuerzas para sobrevivir. Muchas veces he tenido que darle masajes, incluso ayudarle a comer porque su cabecita tenía un rictus exagerado. Últimamente sus ataques epilépticos se repetían hasta agotarlo.
Mi lindo lorito de color del arco iris me ha dejado el recuerdo de su alegre compañía. Gracias al mejor veterinario que un día tuve la suerte de conocer, ha podido vivir estos cinco años. Su seguimiento continuo y mis manos lo hicieron posible.
Gracias M.Angel, gracias por todo.