Me gustan los ventanales amplios, las grandes ventanas que dejan pasar la claridad del día, ventanas de madera que a través de sus cristales te trasladan al jardín sin mover un solo pie, que te dejan disfrutar del sonido de la naturaleza y te permiten escuchar los gritos de las rosas cuando el viento las despeina.
Por ellas se cuelan hacia el interior reflejos extraños, formando colores en espiral en el suelo y en las paredes, ecos que se escapan del más allá y se funden con la tibieza del ambiente. Una sensación plena de libertad donde el paisaje parece correr a lo lejos, una puerta abierta por la que se filtran las notas de una melodía, los silbidos del viento y sentimientos que fluyen en busca del calor del sol, que toman formas confusas, que usan palabras exóticas,
que vuelan.
Curioso panorama el del cielo plateado, seguro que lo has observado infinidad de veces.
Si miras las estrellas, fíjate que siempre hay una que brilla un poquito más. Cierra los ojos entonces y piensa en una cara bonita, en un rostro que hace tiempo que se esconde entre ellas, y seguro que lo vés, porque en el reino de la mente nada es imposible, lo positivo atrae a lo positivo y rechaza lo negativo.
Junio, el mes sexto en que tenemos treinta días de esperanzas y deseos. Que sin quererlo se va la primavera y a las puertas el verano nos ponemos.











Algunas veces soy olvidadiza, pero me acuerdo de las cosas importantes. A través de los años mi corazón ha sufrido por la pérdida de mis seres queridos, por la enfermedad y el dolor de un niño , o por ver morir a mis mascotas. 


