Voz de mi hija

sábado, 26 de diciembre de 2015

martes, 22 de diciembre de 2015

Navidad vintage

 


Sí, ya lo sé, tengo que hacer un esfuerzo para evitar lo que todos los años me ocurre, no quieres ver tristeza en mis ojos, pero no lo puedo evitar y te prometo que hago lo posible. Me gustaría tener el valor suficiente para guardar en el desván, todo ese cúmulo de sentimientos que en estas fechas afloran a mi memoria. Te prometo que hago un gran esfuerzo. Me dices que el presente es también muy hermoso, que la vida me ha dado motivos suficientes para sonreír, si, ya lo sé, pero también me ha quitado y ese vacío lo único que deja es una estela de recuerdos.

 
La última Navidad sigue viva en mi corazón, la fría Navidad de Castilla, donde las piedras se convierten en granizo y hasta los árboles tiritan. Una casa grande, un jardín vestido de escarcha y el calor de una familia unida. Mi padre montaba el belén con una habilidad que me dejaba perpleja. Cuatro lanzas sujetando el techo, escoria, musgo, papel arrugado y unos hilos finos de plata simulando una preciosa cascada. Pinceladas de color le daban vida y un toque de azul iluminaba el cielo. Mi madre tejía los puntos de la última bufanda, mientras las castañas crepitaban saltando en el fuego, y yo, niña presumida, rodeaba de espumillón mi cuello como un collar de diamantes.
Cuántas Navidades han pasado!... demasiadas. Cuántas estrellas y luces de colores,  ángeles y  renos, figuras de barro siempre guardadas en papel de periódico, año tras año.

 
 
Campanitas que vais repicando
Navidad vais alegres cantando
y a mí llegan los dulces recuerdos
del hogar bendito donde me crié

Y aquella viejita que tanto adore

Mi madre del alma que no olvidare

Navidad que con dulce cantar
te celebran las almas que saben amar
oh que triste es andar en la vida
por senda perdida lejos del hogar
si oír una voz cariñosa
que diga amorosa llegó Navidad.

 
El villancico de Antonio Machín sonaba en la radio.

 
 

Vuelvo a asomarme de nuevo a la ventana del tiempo cada vez con más nieve en las sienes. Se oyen dulces cánticos lejanos y mi corazón se alegra cuando oigo el sonido de una pandereta repicando en el cielo.

FELIZ NAVIDAD
 



lunes, 14 de diciembre de 2015

Intercambio de ilusiones

 
Estamos muy cerca, tan solo a un paso de las fiestas navideñas. ¡Caramba con el dios Cronos cómo hace volar los meses !.Luces en las calles, bueno, este año me ha parecido que hay menos y encima han reducido los Belenes y la Puerta de Alcalá se ha quedado sin la Natividad de siempre. El adorno más tradicional que el Ayuntamiento de Madrid seguía manteniendo, es el primer año que falta, el arco central está vacío, quedando así más patente la ausencia de la Virgen, San José y el niño Jesús. A cambio en el césped que rodea la Puerta de Alcalá han colocado unas luces con forma de flores gigantes.
¿Qué está pasando, ya no se respeta el espíritu navideño, ni siquiera la tradición?. Es Navidad, no las fiestas patronales. En cambio los comercios siguen con el hábito de iluminar sus escaparates y en las casas no faltarán los dulces y toda clase de ornamentos que harán más acogedoras las reuniones de amigos y familia. Este es el lado bueno de la Navidad,
 todos sabemos cual es el malo, el inevitablemente triste, la añoranza por los que ya no están con nosotros. Es duro ver un sitio vacío en la mesa, muy duro, pero por otra parte la vida se encarga de poner una nota alegre en cada uno de nuestros corazones, dándonos la compañía y el cariño de otros seres.


Aunque suene a consumo, son sobre todo fechas de comprar y regalar. El comercio nos motiva adelantando cada vez más la campaña navideña. A quién no le gusta recibir un regalo... sin embargo hay veces que te hace más feliz hacerlo que recibirlo, para mi un regalo es un intercambio de ilusiones.
Todos los regalos suelen estar envueltos en papeles bonitos. Algunos vienen decorados con lazos de colores o con motivos florales,  otros de una manera menos atractiva y sencilla, los hay que vienen tan bien cerrados que cuesta romper la envoltura y otros llevan la etiqueta de frágil. Pero el exterior no significa nada, lo verdaderamente importante es el contenido del estuche. El valor de los regalos no se mide ni por el tamaño, ni por el color, el precio o el colorido del envoltorio, ni siquiera por la utilidad del mismo. El valor de un regalo se mide con el corazón.
Hay regalos especiales, esos que tanto valoramos porque alguien te recuerda con cariño, porque son obsequios enviados desde muy lejos y que llegan a ti intactos para guardarlos en el rincón del recuerdo.
 La vida misma se encarga de llenarnos de regalos. El milagro de la vida es el obsequio más precioso que uno puede recibir y hay que disfrutarlo al máximo.

Hace unos días recibí como "anónimo" otro de los regalos más hermosos que existen, una caja llena de sonrisas. Lo abrí con cuidado de no romper el papel plateado y quité con delicadeza el lazo que lo cubría; dentro había una nota escrita con letras grandes que decía: "Para compartir con todos los amigos virtuales".

 

Las personas y los amigos son regalos que la vida me ha dado.



FELIZ NAVIDAD.

 


 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Silencio, hablar, escuchar.

 
"Cogito ergo sum", pienso, luego existo.



La mejor compañía para pensar es el silencio; en cualquier lugar de la naturaleza, en tu sofá favorito, o en la soledad de la noche, es necesario evadirse del ruido.  Cada sonido nace del silencio, vuelve a morir al silencio, y durante su permanencia está rodeado de silencio. Quizá deberíamos siempre prestar más atención al silencio que a los sonidos, prestar atención al silencio externo genera silencio interno. Silencio por fuera, serenidad por dentro.

Sin embargo si este silencio perdura demasiado, te obliga a estar tan centrado en ti mismo que descuidas los beneficios de la comunicación, tan necesarios en nuestro habitual ritmo de vida. Estamos entonces ante dos situaciones tan opuestas como favorables: el silencio y la conversación .




Hablar, conversar... el intercambio de palabras y de opiniones es fundamental para una buena convivencia y ayuda además a mejorar la propia autoestima. Pero hay algo todavía más importante en la comunicación que pocas veces valoramos y es saber escuchar y por tanto sentirse escuchado.
Quien bien conoce el síndrome de ansiedad y depresión por haberlo padecido alguna vez, sabe que es tan traicionero que llama a la puerta de la consciencia y entra sin permiso para instalarse sin prisa y sin pausa. El otoño es una estación preciosa, pero por sus variables cambios de temperatura es propicia a reiterar y recordar viejos síntomas o dolencias tanto corporales como mentales. Así son las cosas y es digna de admiración la persona que sabe enfrentarse con valentía a los momentos amargos de la vida, que en solitario no se atemoriza ni flaquea cuando se ve envuelta en una maraña desagradable. Pero ni todos somos iguales ni reaccionamos de la misma manera. Muchos sienten necesidad de hablar, de compartir, para ellos es positivo conversar con alguien y sobre todo que ese alguien sea capaz de entender aunque solo sea meramente.  El mundo está lleno de incomprendidos, de seres solitarios con necesidad de comunicación.
Unas palabras dichas en el momento preciso pueden servir de mucha ayuda.

Tú que en este momento estás leyendo lo que mis dedos teclean, cuando escuches a otra persona, no te limites a hacerlo con el pensamiento, escúchala con todo tu cuerpo. Y mientras escuchas, desprende la energía que tienes en tu interior y centra la atención en sus palabras, así crearás un espacio tranquilo para atenderla sin interferencias mentales.
La mayoría de la gente no sabe escuchar porque toda su atención está ocupada por el pensamiento. Solemos prestar más atención a nuestra propia reflexión que a lo que la otra persona nos está diciendo, y ninguna a lo que es verdaderamente importante: el Ser de la otra persona.

La buena armonía en las relaciones humanas consiste principalmente en la interacción de unas mentes con otras, más que en seres humanos que se comunican, en seres que están en comunión. Éste debería de ser el principio fundamental de las relaciones humanas, creo que serían menos conflictivas.
Es muy difícil mantener unas buenas relaciones personales, cuando nuestro propio ego nos coloca una barrera que nos impide ver y oír con claridad. Mediante el diálogo podemos liberar tensiones, aclarar ideas, compartir alegrías y aclarar nuestros fallos y dudas.

 Conversar implica escuchar. Pocas veces sabemos escuchar, pocas veces  mantenemos un silencio respetuoso y atento.  Es muy importante mirar a los ojos de quien nos está hablando y es la mejor manera de demostrar que le estamos atendiendo y que nos interesan sus ideas o vivencias. Sienta muy mal que te interrumpan para opinar con ligereza, cambiando la vista o mirando el reloj, por decir un ejemplo. No es tan difícil esperar hasta que haya finalizado quien nos habla, para luego compartir juntos los comentarios. 
Quienes saben escuchar con atención, aprenden de forma indirecta. Todos somos expertos o conocedores en algún área en la que los demás pueden no ser tan conocedores. Quien sabe escuchar atentamente descubre y se beneficia no sólo del estilo de los demás, sino también del contenido de sus mensajes.

 
10 Reglas de la Buena Escucha según Keith Davis :

1- Deje de hablar.
Usted no puede escuchar si está hablando.

2- Hacer que el que habla se sienta cómodo.
Ayúdelo a sentirse que es libre de hablar.

3- Demuéstrele que desea escucharlo.
Parezca y actúe como si estuviera sinceramente interesado. No lea la correspondencia mientras le hablan.

4- Elimine y evite las distracciones.
No se distraiga jugando con pedazos de papel, escribiendo, etc.

5- Trate de ser empático con el otro.
Trate de ponerse en su lugar, de manera que Ud. pueda comprender su punto de vista.

6- Sea paciente.
Dedíquele el tiempo necesario, no interrumpa.

7- Mantenga la calma y su humor.
Una persona colérica toma el peor sentido de las palabras.

8- Evite discusiones y críticas, sea prudente con sus argumentos.
Esto pone al otro “a la defensiva”, tiende a predisponerlo.

9- Haga preguntas.
Esto estimula al otro y muestra que usted está escuchando, además de ayudar a desarrollar otros temas. (Esta es otra de las características de los negociadores exitosos, preguntar mucho).

10- Pare de hablar.
Esto es lo primero y lo último. Todas las otras reglas dependen de esto. Ud. no puede ser un buen escucha mientras esté hablando.


 
El 19/11/2006 abrí este blog.  Ha cumplido ya nueve años.


 

viernes, 27 de noviembre de 2015

EFECTO PLACEBO

 


Siempre insisto en que la mente tiene un poder mucho más grande de lo que creemos. La mente es una de las herramientas más poderosas del ser humano. Mente es sinónimo de vida inteligente, de conciencia humana. Existe una correcta utilización de la capacidad mental que todos poseemos; por ello, la mente puede pasar a ser una gran aliada si sabemos utilizarla con eficiencia. Aunque solo utilizamos la décima parte de nuestro cerebro, se sabe que la mente abarca infinitos poderes, pero me voy a centrar en el tema que me concierne: en el poder de auto curación de enfermedades.
 El catedrático de la Universidad de Málaga (UMA) Pedro Fernández-Llebrez del Rey, participó en los Cursos de Verano de la UMA en Ronda con una ponencia titulada "Las células siempre responden a nuestras percepciones".
El experto puso el acento en el poder autocurativo de la mente. El efecto placebo demuestra que las personas somos capaces de curar enfermedades físicas como un dolor de rodilla, por ejemplo, que parece no tener nada que ver con la mente y el espíritu, pero efectivamente así es.
Somos responsables de nuestro propio bienestar en una medida mucho mayor de la que creemos.

El ejemplo clásico es el del estudiante que tiene exámenes y le sale una llaga en la boca, cualquier estado de estrés produce una represión inmunológica que conlleva una acentuación de enfermedades, la gente optimista tiene opciones de vivir una vida más larga y sana que las personas con tendencia a la tristeza. Éstas, según este experto, tenderán a enfermar más: "Uno se puede morir de pena o puede vivir de alegría, estar de buen humor beneficia la curación de enfermedades".




¿Qué es el efecto placebo?


Pongamos un caso ficticio, el del paciente X. Varias veces al día, durante varios días, se le provoca dolor, que se controla con dosis de morfina hasta el último día del experimento. Esas 24 horas, sin que el señor X lo sepa, la morfina se sustituye por una solución salina absolutamente inocua. Parece increíble, pero dicha solución tiene el mismo efecto que la morfina y el dolor desaparece.

Está comprobado que existe una fuerza mental que con ella somos capaces de conseguir prácticamente todo lo que nos propongamos. Cuando enfermamos, es ella quien tiene la llave para curarnos, o al menos, una parte importante de responsabilidad sí que recae en la mente. Pero, a todo esto, ¿qué es el efecto placebo?, ¿qué tiene que ver éste con la mente?
Pues tiene mucho que ver. En pocas palabras, podemos definir el efecto placebo como un fenómeno por medio del cual un paciente que se toma un medicamento “sin” medicina, mejora en su enfermedad o incluso llega a curarse.
Es la mente la que juega un papel determinante a la hora de salir de cualquier enfermedad. De hecho, hay expertos que dicen que cuando una sustancia placebo hace que “mejore” un paciente, lo que está pasando es que esta sustancia activa estimula una parte del cerebro, que daría como resultado la mejora sintomática del proceso que tiene el enfermo en cuestión. Pero ojo, también puede ser que el supuesto enfermo no esté realmente enfermo, y por eso se “cure” con el placebo. Esta idea es importante.
 Los placebos se usan regularmente en los ensayos clínicos de nuevas drogas. En éstos, se le da un medicamento de “verdad” a un grupo, y a otro se le da el citado placebo. Después se comparan los resultados para ver si hay diferencias significativas entre la respuesta de ambos grupos a los distintos tratamientos.
El placebo es biológicamente inactivo, pero lo realmente curioso es que pese a ser una sustancia ineficaz e inocua, puede producir tanto efectos fisiológicos como psicológicos. Hay personas hipocondríacas a las que el placebo seguramente les vendría muy bien.

 
El placebo es una sustancia que carece de actividad farmacológica, pero cuando quienes la reciben creen que se trata de un medicamento puede producir efectos similares a este último. El mecanismo por el que ejerce su efecto es todavía muy poco conocido.


La palabra placebo, derivada del verbo latino placere, que significa complacer, se usaba en la Edad Media para designar los lamentos que proferían las plañideras profesionales en ocasión del funeral de alguna persona. En el siglo XVIII, el término fue definido en un diccionario médico como medicamento común y, en una edición posterior, como algo que simula ser un medicamento. En la actualidad, los propios especialistas reconocen la dificultad que representa definir qué es un placebo.

La Real Academia Española lo considera una sustancia que, careciendo por sí misma de acción terapéutica, produce algún efecto curativo en el enfermo, si este la recibe convencido de que esa sustancia posee realmente tal acción.
Aunque los placebos suelen ser sustancias suministradas como medicamentos, también se usa el término para referirse a intervenciones quirúrgicas, brazaletes metálicos, palabras, gestos o el contacto físico recibido por los pacientes .

Píldoras de azúcar, inyecciones de nada... los estudios demuestran que, más a menudo de lo que esperamos, los placebos realmente funcionan.


 

De todas las maneras, lo importante siempre es sentirse bien.

martes, 10 de noviembre de 2015

¿TRABAJAS?

 
Una cuestión que suele resultar incómoda: ¿Trabajas, o eres ama de casa?...  pregunta muy corriente que hace unos años se hacía a la mujer y que en la actualidad todavía se sigue haciendo. Y un término que siempre me ha parecido inapropiado: "de profesión sus labores". Cuando el carnet de identidad mantenía un espacio para consignar la profesión, la mujer sin oficio asalariado que estaba dedicada a las tareas domésticas indicaba "sus labores".  Una mujer dedicada a sus labores parecía que estaba desocupada y la población empleada la miraba incluso despectivamente, como pensando que era una persona improductiva. Todavía hoy, cuando a una mujer tradicional se le pregunta si trabaja suele responder que no si solo se dedica a la casa.

El trabajo en el hogar ¿es valorado?. Hablando en una reunión, se comentaba como la sociedad discrimina el trabajo en el hogar, una decisión muy personal y valerosa de millones de mujeres. La conclusión fue que esa actitud social no cambiará hasta que las mujeres, dejemos de avergonzarnos de nuestras decisiones y valoremos la trascendencia de nuestro trabajo, sea el que sea.

¿Trabajas?. Casi todas las mujeres que no lo hacen fuera de su casa responden avergonzadas un tímido "no, ahora no trabajo". Qué es entonces el dedicarse al hogar, es un juego o es una perdida de tiempo... El trabajo, es realizar una actividad que perfecciona a quien la realiza y tiene una trascendencia social. El trabajo en el hogar y en la empresa tienen una diferencia esencial: su motivación es absolutamente diferente, en un caso es el dinero, la satisfacción personal y en el otro, el amor. Suena bien.
El trabajo en el hogar no tiene horario, ni descripción de puesto, por lo que implica una gran variedad de conocimientos y habilidades y tiene un insustituible valor social porque proporciona bienestar, estabilidad y desarrollo físico y espiritual de cada miembro de la familia, siendo indispensable para el buen desarrollo humano. Hay mujeres que por necesidad o por una decisión personal, han decidido trabajar fuera de su hogar, es perfectamente lícito y válido, porque además no son excluyentes ambos trabajos. Es preciso por lo tanto, que se den condiciones sociales y laborales para que la mujer que así lo desee, pueda dedicarse al 100% a su hogar o compaginarlo con un trabajo fuera de casa.

Y más necesario es aún, que la mujer revalore su papel como eje de la familia, como trabajadora insustituible de su hogar, como madre, esposa, psicóloga, médico, enfermera, maestra, cocinera, pedagoga y miles de actividades más al servicio de quienes ama.

Cuando alguien te vuelva a preguntar ¿trabajas? responde con legítimo orgullo, "si trabajo, soy el eje de mi familia", y si además realizas otras actividades o trabajos, no dejes de mencionarlos.



domingo, 1 de noviembre de 2015

GRACIAS


 
 
Saludamos a noviembre, mes que convierte los cielos en mármol, para muchos el mes melancólico por excelencia, donde la magia en la naturaleza desaparece, la música de los ríos amaina, las aves pliegan sus plumas, los valles cambian el verdor por una amarillez seca y las noches van cayendo en un profundo sueño, tiñendo las sombras de un leve vapor ceniza.

Un cierto olor a tierra húmeda se va depositando en el ambiente, cuando camino por un parque de una ciudad cualquiera una tarde de otoño. Llega hasta mi como un presagio, mientras mis pies aplastan cientos de hojas caídas y mi vista se fija en un cuco que aletea entre los árboles que han perdido ya su sombra. Pobre cuco, ha sido considerado durante muchos años un ave de mal augurio, una vulgar superstición sobre el primer canto de este pájaro en la llegada del buen tiempo: "cuando por primera vez al año oigo cantar a los cucos y llamar a la primavera que brote, inmediatamente salgo a la carrera con toda prisa". Supersticiones absurdas que siguen estando operativas y que por extraño que nos parezca, no deberían ser condenadas, o ser indiferentes, su comprensiva investigación proporciona datos psicológicos y científicos que son del mayor interés y del mismo modo que la astronomía surgió de la astrología y la química de la alquimia, algún día quien sabe si el mundo de lo oculto y de los mitos será de utilidad en el desarrollo de la ciencia mental, porque la mente del ser humano sigue siendo un gran misterio en el que hay mucho por investigar,

Por el paseo de bicicletas viene caminando torpe una mujer entrada en años. Lleva un cesto con ramitos de olivo, que según dicen significa la paz. Se acerca y me ofrece uno:
-No gracias.
-Entonces... déjame que te lea la mano, es solo la voluntad.
-No, la mano no, no me gustan esas prácticas. Tome una moneda y que pase buena noche.


La quiromancia se dice que ha sido introducida en este país por los gitanos en el siglo XVI, esta "ciencia" donde se cuenta la fortuna de los hombres mirando las palmas de las manos, leyendo lo que llaman las líneas de la mano, ha sido utilizada con fines de lucro por adivinos, actores, vagabundos errantes y timadores, practicando sus trucos y negocios picarescos engañando a la gente simple con su falsificación vil y tramposa. Como recreación social, la quiromancia es exitosa y puede que hasta divertida, como ciencia, es engañosa y algunas veces peligrosa.
En una ocasión hice la prueba llevada por la curiosidad de mis pocos años y considerándolo como un juego dejé que me leyera la mano una paciente de la planta de Traumatología. Lo que entonces me tomé a risa resultó sorprendente con el tiempo. Todo lo que aquella mujer dijo se ha cumplido, todo en absoluto, lo bueno y lo malo y fueron cosas muy especiales, ¿casualidad? no lo sé ni quiero saberlo.

Sigo mi paseo y ya va refrescando, en la esquina hay un puesto de castañas, es uno de mis olores favoritos de otoño, castañas asadas calentitas que ya no se parecen en nada a las que compraba de niña, entonces las castañeras en una garita de madera, con el pañuelo en la cabeza y las manos negras enfundadas en mitones,  hacían bailar a golpe de paleta montones de castañas. Crepitando entre las brasas y el rojo color de las chispas, saltaban de un lado para otro en aquellas viejas estufas.


En una tarde de noviembre es posible revivir muchas cosas, recordar supersticiones y antiguas creencias. El ambiente es propicio. Comienza a llover ligeramente y como siempre no llevo paraguas; decido entrar en el café más próximo y tomar la última tila, las tisanas relajan y sientan bien. La verdad es que me estoy aficionando a ellas, tienen además muchas propiedades y son inocuas. Me doy cuenta de que tengo las manos heladas y los pies encogidos. Miro de reojo a mi alrededor y allí, junto a la ventana en una pequeña mesa, unos brillantes ojos azules me miran fijamente. Sonrío al ver con qué gusto  un caballero se está tomando unos churros calentitos. Haciendo una seña me ofrece asiento, me acerco sin pensarlo porque su cara me es conocida, ¡claro! es mi amigo sevillano, un marino sin barco con un corazón tan grande como la Giralda.

GRACIAS Manolo, a ti en especial va dedicada esta entrada.