El silencio es oro

Voz de mi hija El silencio es oro

lunes, 3 de agosto de 2020

Slow hands. Manos lentas.

https://youtu.be/8toRQ33INyw

Miro alrededor en mi entorno y todo sigue estando en el mismo lugar, el mar, la montaña, el estrecho desfiladero, las enormes rocas que casi se adentran en la carretera, la vegetación frondosa y verde, las nubes rozando lo picos más altos, todo está como lo dejé hace un año, sin embargo nada me parece igual, lo que tengo grabado en la memoria ha dado un tremendo giro y ha cambiado. Parece más triste, solitario y se han nublado mis emociones. Ni siquiera puedo ver un oasis entre tanto desierto. No, no es como otros veranos, el aire puro del monte no se respira igual, nos han vendado la cara y dilatado las pupilas para poder ver mejor el desastre.
No sé hasta cuándo. Tengo el pecho henchido de aire viciado y me cuesta expulsarlo.
¿ Y mis manos? Las que se parecen a las de mi madre, las que pueden acariciar hasta los pliegues del Alma, escribir y dibujar la sonrisa más bonita. Mis manos están resecas de tanta desinfección.
Pero hay dos cosas que son un lujo en la vida y no las pienso perder: la salud y estar con aquellos que amo. Hay que seguir caminando por la barra de equilibrio.

Hoy  hace años que mi madre se fue. Siempre huele a rosas el día tres de agosto. Echo de menos tantas cosas... ella y las caricias lentas de sus manos. Mi recuerdo con la música de Elvis que tanto le gustaba.

domingo, 26 de julio de 2020

Olas de blonda.

Tengo por peineta
La cresta de una ola
Por mantilla
Encaje de caracola.

Tengo los ojos pintados
De brisa y sol salinos
Los labios de sal mojados
Las pestañas de azul nacarado. 

En mis manos 
Se pegan conchas
En mis pies arena y barro
En el corazón blancas escarchas.

Puedo saborear tu soledad
Oir el ruido del oleaje
Ver tus lágrimas en la lluvia
La playa desnuda de verdad.


El mar es una canción, una sensación de un millón de colores. El mar es una historia de la que salen miles de historias.
 
Volver a verte es volver a la realidad.
 
Hasta pronto
 
 





domingo, 19 de julio de 2020

Estío diferente




No sé qué resulta más placentero, ver un amanecer en el mar o quedarse embelesado mirando como se esconde el sol tras un rojizo cielo. No sé... creo que las dos cosas son sublimes, sobre todo para los que no vivimos en la costa. Ya lo dice la canción- "Cuando calienta el sol aquí en la playa siento tu cuerpo vibrar cerca de mi ..."
El mar... cuántos recuerdos desde que aquella niña con coletas de la mano de su padre recorría la playa de Laredo, cuántos castillos en la arena y cuántos veranos han pasado ya. No lo sé, no quiero contarlos, no me apetece saberlo, casi es mejor guardarlos entre conchas y caracolas.

Ahora el mar tiene otros sabores distintos. Son sabores de experiencia, de madurez, de algo que se llama aferrarse a la vida para que puedas salvar los mayores maremotos que vayan llegando.

Este es mi mar. Qué importa no jugar con las olas como cuando era niña, lo importante es que siga calentando el sol todos los días y seguir teniendo un mínimo de ilusión por todo lo que tengo y me falte por tener. 

En un verano diferente, rodeado de indecisiones, dudas,  preguntas y envuelto en una densa bruma que cubre hasta el Alma. Un verano que hasta parece que no calienta el sol teniendo 38 grados.

Azul de mar, olor a algas, aire fresco y espuma que escapa entre mis dedos.
Azul de brisa, azul de mis sueños.
Azul que volveremos a disfrutar.




domingo, 12 de julio de 2020

Solo quiero eso.




Ángeles Caso, Gijón 1959, licenciada en Historia del Arte y sobre todo escritora. 
Un texto exquisito y que impulsa a la reflexión. Muchas veces asumimos lo que la escritora expresa cuando hemos llegado a una altura de la vida en que la madurez nos alcanza. No permitamos que cuando nos demos cuenta cuáles son las pequeñas cosas que hacen la felicidad,... ya sea tarde.

martes, 7 de julio de 2020

Grande Ennio Morricone.



Mi homenaje al gran compositor de bandas sonoras  de grandes películas que todos conocemos. ENNIO MORRICONE  acaba de dejarnos. Difícil será que haya otro que le supere, ni siquiera que le iguale.
La misión, La muerte tenía un precio, El bueno,el feo y el malo, Cinema Paraiso, Érase una vez América,
Los intocables... y ésta que es una de mis preferidas.
Descanse en paz este maestro y genio musical.

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Per sempre.


jueves, 2 de julio de 2020

Mi recuerdo es para ti. FRÍAS.



Burgos es una ciudad donde la temperatura es bastante fresca, los inviernos son duros, los veranos no son excesívamente calurosos, el viento del norte sopla con frecuencia lo que no impide hacer excursiones cualquier día, si te apetece dar una vuelta por el medievo, visitando lugares con calles estrechas y empinadas y por encima de todo llenas de historia.
FRÍAS es la ciudad más bonita y pequeña de España y por tanto con la menor población. Antigua capital del Valle de Tobalina, cuánta historia oculta, más que Troya, cruce de caminos incluso del Camino de Santiago, de aspecto medieval, con castillo y puente romano.
FRÍAS marco de cuento, de ensoñación, que tiene mucho de milagro en piedra, con su fisonomía de buque varado en mitad de un valle, de pecio encallado entre trigales a orillitas del Ebro.


Nadie escapa al embrujo de una de las localidades más hermosas de España. Con el pincel, la paleta y un buen objetivo, decenas de artistas de diferentes puntos del país, seducidos por el atractivo de la villa, acuden cada año puntuales al reclamo de Frías. Tanto pintores como aficionados a la fotografía se han dejado atrapar por su imán, y aunque parezca mentira, han proyectado una imagen diferente, descubierto un rincón, un punto de vista, una nueva mirada que revela su inmensa riqueza. Merece la pena pasear por sus calles, entre casas colgadas y de paso degustar sus productos típicos. 

Una mañana del mes de Julio, llegamos a este lugar que hacía tiempo que no visitábamos.  Recorrimos el pueblo entre calles empedradas y llegando frente al castillo, te quisiste hacer el valiente como tenías por costumbre y escalar hasta lo más alto de la torre. Dije que era una locura pero tu destreza y tu juventud nos callaron todas las palabras y aceptamos el reto.
Llegáste solo tú hasta la torre saludando a gritos  desde aquella peliaguda punta.

Poco tiempo después tu rumbo cambió por completo y subíste todavía más alto, peldaño a peldaño trepáste por encima de las nubes hasta llegar a las estrellas.

Nuestro padre pintó este óleo de Frías en tu memoria. Ya lo sabrás.
Fíjate en un detalle importante, en las sombras de las tejas en la balconada. Son una maravilla ¿verdad?.
Descansa allí, querido hermano.


martes, 23 de junio de 2020

Aroma a cerezas.


Me asomé a la ventana aquella mañana de final de junio, cuando apenas había amanecido y un sol rojizo pronosticaba un buen verano. Aún había vaho en los cristales y dibujé una flor con los dedos. La hierba vestía de verde y las primeras margaritas asomaban tímidamente entre los tréboles. Me lavé los ojos todavía cegados por el sueño y me sujeté la melena con dos gomas de colores que había comprado al salir de clase, junto con dos barras de regaliz que luego compartiría con mi padre. Le gustaba esa golosina, era y es buena para los ácidos estomacales y refresca el aliento, aunque yo creo que lo tomaba para reducir el consumo de tabaco.

El desayuno estaba preparado y olía a café, bueno, eso creía, pero no era café, eran cereales malteados y las típicas galletas tostadas que mi madre sacaba de la lata todas las mañanas, en vano porque nadie las comía. El desayuno era la primera lucha diaria, en mi familia no había forma de desayunar como es debido, craso error, ya lo sé, pero nos levantábamos con el tiempo justo para no perder el autobús, que venía cargado de colegiales, mochila al hombro y con pinta de no tener ninguna gana de volver a oír la campana del patio, de hacer la fila perfectamente alineada y de entrar en silencio, porque no se permitía hablar en los pasillos. Por el antepatio pasábamos a un hall donde estaban las escaleras y cada cual a la planta donde estaba su clase.
Supongo que a muchos todo ésto os sonará y para otros estará más que pasado de moda, pero no puedo evitar rememorar escenas de aquellos tiempos, los recuerdos son fotografías grabadas en el corazón y parece que solo nos vamos quedando con los buenos y eliminamos los malos, por ejemplo el tener clase los sábados por la mañana, qué faena.

El comienzo del verano burgalés no suele hacer alarde de buen tiempo, el norte siempre sopla al caer la tarde y se agradece en los días calurosos, pero su clima fresco ayuda a fomentar aún más el verde de los jardines y parques. Me encantaba el que tenía aquella casa llena de vida donde crecí. Había infinidad de plantas; un redondo y cuidado seto de florecillas blancas rodeaba cuatro rosales, que por cierto, las rosas parecían de terciopelo cuando brotaban en el mes de junio. Los primeros en salir eran los lirios morados, las frondosas peonías de un color rojo intenso y los alegres pensamientos, que dicen que son las flores del recuerdo, también conocidos por "no me olvides".
Contemplar caléndulas, dalias, petunias, gladiolos y sobre todo las lilas, mis preferidas, era para mí una sensación de bienestar que los años no ha podido  borrar. Aquello se llamaba libertad, yo lo llamaba libertad. A veces, si cierro los ojos, siento el confortable calor de un sol tibio rodeado de  nubes deshilachadas, el mismo de aquellos días de Junio. A veces, solo cuando quiero soñar.

Siempre estoy recordando... pero es que la madurez llama a la puerta demasiado pronto y sin permiso alguno se presenta dejando atrás una larga estela de vivencias irrepetibles. La vida cada año va siendo más corta, cada vez lo tengo más claro.
Cuando las cicatrices que nos va dejando han surcado el corazón y ya hay menos brillo en los ojos, pulsamos el play del botón de la memoria y comenzamos a revivir aquel momento que nos hizo felices, y es entonces cuando echamos en falta acariciar una simple flor, mordisquear una manzana, recorrer los caminos donde aprendimos los colores, las texturas, las imágenes, todo lo que en  definitiva vamos dejando atrás. 

Aquellos meses que ya anunciaban el verano, nada tienen que ver con la actualidad. Nunca había vivido una pandemia, ni visto un desastre semejante. Tardes con todo el tiempo del mundo para sentarse con los amigos, los lunes que tanto nos costaba volver a clase, respirar aire puro o nuestras manos limpias con jabón de lavanda, contrarrestan hoy con un tiempo limitado, conversaciones a distancia, lunes deseando volver al trabajo, rostros tapados filtrando la respiración y manos enfundadas en guantes de cirujano. 

De aquellos rosales brotó una lozana y bonita rosa que la llevo y la llevaré mientras viva en mi corazón. Llegó a mi como un soplo de brisa marina, en un verano burgalés a finales de junio. 
Felicidades hija mía.



Dicen que soy una soñadora
Sí, pero no soy la única.  
Yo solo quisiera volar  
entrar despacio en los sueños
danzar con espejismos,
dormir en caracolas
pintar arco iris
y beber el rocío de una hoja.
Cepillar unicornios
jugar dentro de una ola
probar el sabor de las estrellas
y ahogarme en lágrimas de hadas.
Beber el infinito,
recolectar sonrisas
y sumergirme en un suspiro,
bajo el dulce reflejo de la luna. 
    

Ventana de Junio con aroma a cerezas y sabor a leche malteada.