El silencio es oro

Voz de mi hija El silencio es oro

jueves, 2 de noviembre de 2023

Noviembre, cielo de piedra.




En noviembre,
por qué será que siempre contemplo el cielo
por qué será que aunque tenga nubarrones
puedo con la mirada correr la gasa del velo
y entre cirros desperdigados oigo silencios
imagino rostros dulces que silban canciones
y como estrellas brillantes bailan minuetos.

Detengo el tiempo cerrando compuertas
tiemblo con el frío de las losas
ahora solo se escuchan rezos
crujen pasos torpes y lentos 
y en esa breve paz con siete llaves 
todo el infinito encierro.


viernes, 27 de octubre de 2023

Disfruta la vida. No hay atajo que evite la muerte.



Vivo detenida en la orilla de los sueños.

Vivo en un instante, el milagro de un tiempo

que se aleja y aleja inexorable y eterno.

Desafiando su paso, invento un mundo 

de luces y de sombras.

Yo vivo en él, en el furioso viento

que silba en los abismos

y en ese otro suave, que murmura lento.

Vivo en el trueno que desata la tormenta

en el destello fugaz que despide una estrella.

Vivo en la mirada de todas las miradas

en mi latido y en todos los latidos.

Vivo en la lluvia que derrama

la bóveda de un cielo infinito

en el andar torpe del anciano

en el correr alegre de un niño.

Me uno a otras vidas y vuelvo en otras vidas.

Vivo, pero desde ahora

moriré cada día un poco

en este pozo lleno de cadáveres locos.


Esta vida no es eterna para nadie. Es un regalo, una aventura, una celebración, un hermoso viaje...

Disfrútala.

viernes, 20 de octubre de 2023

Jinetes en el cielo



Qué bonitos son los caballos... tienen un porte elegante, son veloces y sobre todo muy dóciles." El caballo, con una belleza única, una fuerza inconmensurable y una gracia sin igual, sigue siendo lo suficientemente humilde como para llevar a un hombre a sus espaldas". Una frase que define  perfectamente lo adaptable que es este animal. 

Mi padre solía decir que el caballo embellece cualquier paisaje, sentía verdadera pasión por ellos y gran parte de su vida disfrutó de su compañía. Practicaba la hípica y obtuvo muchos trofeos, que además de sus pinturas, son el legado más valioso que nos ha dejado.

Cuando era niña me imponía verlos de cerca, me encantaba subir a ese gigante de crines suaves y sedosos. Se llamaba Mambla y era de color canela, conocido también como raza Alazán.



Cuando era posible me escapaba al picadero donde entrenaba mi padre,  los pasos al ritmo de trote me causaban la sensación de estar viendo un baile equino de lo más acompasado y lo mejor era acariciar su cabeza, aunque me daba miedo tenerle cerca al final el noble animal conseguía unas palmaditas como premio.
Recuerdo el Concurso Hípico que la primera semana de julio tenía lugar en Burgos, cuántas veces he visto saltar a mi padre con los ojillos de admiración de una niña de siete años y con la mirada de orgullo de una adolescente años después.
Mambla vivió veinte años. No quise nunca saber como fue su final, lo más importante son las cuarenta copas y los muchos trofeos que nos dejó y que guardo con todo mi cariño.


Astorga. 1959


Mi padre

" El mejor jinete es el que después de caer a tierra vuelve a montar."

Yo sé que ahora saltarás las nubes, son el mejor obstáculo.


lunes, 9 de octubre de 2023

Bendita sensibilidad.


 

Bendita sensibilidad que:
-me permite conectar con mi propia realidad, disfrutar de las simples cosas cotidianas, descubrir que el sol, la luna, el amanecer, el ocaso y todo el firmamento es bello y en parte me pertenece.
Hermosa sensibilidad que:
-me hace sentir feliz, valorar y amar los regalos que me brinda la naturaleza, la lluvia, la brisa, el rocío, las flores, las aves y en ese entorno amarme y amar a los que me rodean. Mansa emoción que no me permite odiar ni maldecir, que me deja jugar, asombrarme y reír como una niña traviesa, inocente y feliz, que me introduce en un mundo sin rencores, sin discriminaciones, ni envidias y por encima de todo ser menos insensible al dolor. Dulce locura mía que me hace robar las amapolas de una primavera imaginaria para llevarlas a un otoño real. Que me permite querer y recibir cariño de un modo muy peculiar.

Ser sensible es un rasgo. ​Ser "altamente sensible" es algo que eres, no es algo que tienes.​ No es un trastorno, ni es una patología.

Siendo así, no me importa ser sensible. Me gusta recordar tiempos felices, llorar por la gente desaparecida, por unos ojos que me preguntan ¿me voy a curar?, emocionarme con la música y me duele ver ese piano mudo desde hace tiempo.

martes, 26 de septiembre de 2023

El otoño de la vida.

 Después de casi diecisiete años que llevo con el blog, no me resisto a dejar de escribir una vez más sobre el otoño, mi estación favorita, que para algunos sin duda, será sombría, por los días cortos en los que el sol se esconde pronto y para otros un alivio después de un verano bastante caluroso.

Me asomo a la ventana del tiempo y veo que ya no hay rocío en mi hierba, las hojas secas y arremolinadas dibujan recuerdos bailando al compás del viento. Una hilera de árboles desnudos, retorcidos y enjutos, claman ayuda al cielo alzando las ramas como brazos desmembrados. En sus troncos no existe ni un ápice de vida, ni un comienzo de brote.

Una Naturaleza despojada de su ropaje estival, esperando las primeras heladas, las primeras nieblas y en la cima de las montañas ya se observa el cándido manto. Veo desde mi ventana un horizonte borroso por nubes henchidas de lluvia. A partir de ahora yacerá lo que antes floreció, porque lo viejo tiene que morir, para que la tierra se renueve y vuelva de nuevo la vida.

 
En las noches de otoño 
una tímida luna extiende
su manto de gasa negra,
 largos silencios de plata
cubren las sombras funestas.
 
Allá en el firmamento
las estrellas parpadean
semejando brillantes pupilas
que inmóviles nos contemplan.
 
Las aves nocturnas emiten
llantos lúgubres y quejas
vibrando en la negrura
temblorosas e inquietas.
 
El señor de las sombras
de su letargo despierta
invisible a nuestros ojos
con su capa revolotea.
 
Y entre mil hojas muertas
 tímidamente cubierta
una flor despistada
luce su corola marfileña.
 
Corola que en la aurora
al amanecer se cierra
para reabrirse al helado
contacto con la tiniebla.
 
Una flor solitaria
de las pocas que ya quedan
siempre ansiosa de luces
siempre de lluvia sedienta.

En el otoño de la vida
las hojas me recuerdan
que ya se acorta el camino
que ya me llama la tierra.


jueves, 14 de septiembre de 2023

Mi querida niña



Mediterráneo. Septiembre 2018

 Se adentró en él, no importaba el nombre ni el lugar, el mar seguía siendo su cómplice. Pensó que necesitaba tranquilidad, escuchar ese suave murmullo que serena el alma y dejarse abrazar tímidamente por la brisa. Solo quien ha vivido cerca del mar conoce la parte dulce de la sal y ella venía de un lugar distinto, por eso probó sus aguas, saben a lágrimas se dijo y bailó con ellas, su vaivén envolvía los recuerdos dejando en su alma una huella imborrable.
  

miércoles, 30 de agosto de 2023

No has visto el mar.



Pronto vendrá el otoño 
y los duendes de los árboles
te harán un collar de hojas
adornarán tu cuello
con bolitas de acebo rojas
y te cubrirán de tules
  las nubes derramando incienso.

Un fresco aroma a musgo
con tu andar se desprende
pisando rastrojos ocres
que arremolina el viento
y haciendo cabriolas
dibuja estrellas doradas
 en la alfombra verde del tiempo.

Aún tienes los ojos pintados
de brisa y sol marinos
los labios carmesí mojados
las pestañas de azul nacarado
aún puedes saborear la brisa
mientras te desnudan las olas
y el mar revuelve tu cabello.

En tus manos se pegan conchas
en tus pies arena y algas
en tu cuerpo un blanco nácar
y yo temiendo la realidad
te observé desde lejos sonriendo
porque sé que volverás a correr
porque sé que volverás a caminar.

A mi hija.